18 diciembre 2009

Gestión de la tensión

Entre los cursos de "formación humana" impartidos en esta escuela hay unos cuantos relacionados con la gestión de las emociones y especialmente del estrés. Yo, en principio, como todas estas cosas, los veía con un poco de guasa. ¿De verdad son materias que se aprendan (que se enseñen) y además en diez horas? ¿Se puede aprender en un curso sobre las relaciones humanas, no en plan teórico, sino con orientación práctica?

Sin embargo, tras mi experiencia en la gestión de un proyecto, empiezo a ver el asunto con cierta simpatía. No porque yo carezca de habilidades sociales. Más bien porque me he dado cuenta de que hay gente que verdaderamente pierde los papeles en las situaciones difíciles.

Yo, con mi calma habitual, no me inquieto, pongamos por caso, por la inminente fecha de entrega de un proyecto. No quiero dar a entender que no me inmuto: sí que noto cierto vértigo en el estómago, cierta tensión a la hora de hacer las cosas con la pistola del tiempo apuntando al corazón. Pero es más una sensación que me espolea, la adrenalina que me lleva a rendir más. Y desde luego, no altera mi relación con los demás. En todo caso, utilizo el humor, como de costumbre, como vía para liberar tensión.

Por contra, hay gente, de naturaleza controladora, que se frustra; y que vuelca su frustración en rabia hacia los demás que puede llegar a manifestarse en cotas de violencia verbal bastante elevadas. También es una forma de liberar tensión, aunque ligeramente más contaminante. O eso pensaba. Lo que he experimentado es que estas dos posturas se retroalimentan positivamente. Es decir, al tenso, que cuando él está crispado haya alguien haciendo bromas le parece una falta de compromiso o de comprensión de la situación y se cabrea más; el otro, viendo un aumento de la tensión en el ambiente, cree adecuado rebajarlo con alguna chanza. Etcétera. Ad infinitum.

¿Cómo se sale de tan vicioso círculo? No sé, tal vez deberíamos apuntarnos a un cursillo de esos.

12 diciembre 2009

Malditos 80

El otro día, zapeando por la tele francesa fui a parar a una suerte de programa de testimonios en el que se preguntaban por qué seguimos escuchando a los músicos de los ochenta. Ejemplificaban la tragedia un par de señores cantando canciones dignas de un Dúo Dinámico francés ante un público asistente con cara de circunstancias.

Sin embargo, la pregunta verdaderamente inquietante es ¿por qué siguen vivos los músicos de los ochenta?

10 diciembre 2009

Difama, que algo queda

Durante esta tarde podíamos ver la siguiente portada de El País, dedicada a la "polémica" sobre la "ley antidescargas":

Qué raro, ¿no? Asegura que "la mayoría de las sentencias judiciales consideran delictivas las 'webs' de enlaces". Yo creía que era exactamente al revés. Que de hecho no había sentencias condenatorias. Así que extrañado decido seguir el enlace. Y llegamos al artículo en cuestión, que, efectivamente, dice lo contrario:


Sigue una larga lista de casos relacionados que, aun analizados un poco de aquella manera, se ven obligados a admitir que no han llevado a ninguna condena. Pero claro, por si acaso, ponemos en portada que las webs de enlaces son ilegales, para que se le grabe bien a quien pase por allí. Y si cuela, cuela.