30 mayo 2006

Gallegos

El viernes, los de Caiga Quien Caiga emitían un reportaje completamente demagogo (hay vídeos en la web), protestando porque el Diccionario de la RAE incluye como acepciones de gallego
5. adj. C. Rica. tonto (ǁ falto de entendimiento o razón).
6. adj. El Salv. tartamudo.
Y, claro, eso es una ofensa para ese pueblo del noroeste de la Península, concretado en la persona de Gonzo. La única reflexión interesante era que los académicos de la lengua, paradójicamente, no hablaran. Una pena cómo se escabullía el director, García de la Concha. Aunque, viendo el poco caso que hacía el reportero a los que opinaban sensatamente ante el micrófono, tampoco se le puede culpar al hombre.
Yo, mientras tanto, cruzaba los dedos para que apareciese Arturo Pérez-Reverte y le dejase la cuestión clara y, ya puesto, le diera un buen repaso. No apareció el escritor en el reportaje, pero este domingo publicaba un artículo sobre el tema diciendo lo que es evidente:
(...) el diccionario, al ser panhispánico, está obligado a dejar constancia de los usos generales, tanto españoles como americanos. Ni crea la lengua, ni puede ocultar la realidad que la lengua representa.
De paso, como es costumbre, deja algún regalito
cuando descuido, ignorancia, demagogia y torpeza se combinan en política, sucede que en ésta, como en la cárcel del pobre don Miguel de Cervantes, toda imbecilidad tiene su asiento.
Es que mira que la gente se llega a poner estúpida hasta la náusea con estas cuestiones del lenguaje. De vez en cuando hay que pararles los pies.

28 mayo 2006

Festivales de verano (I): Indyspensable

La temporada de festivales se nos echa encima y, aunque en rigor todavía estemos en primavera, el próximo fin de semana tenemos la primera cita en la capital: el Indyspensable.
El Indyspensable no es un festival al uso. Más bien, podría pasar por las fiestas patronales de Villaverde: un auditorio que cualquiera confundiría con unas simples canchas de deportes, sin ningún control de acceso, junto a la antigua carretera de Andalucía. Lo que marca la diferencia son los grupos que actúan. Como se puede deducir por el título, no se gastan el presupuesto del distrito en triunfitos y otros éxitos de la temporada, sino en grupos de la escena indie. Empezaron muy fuerte el primer año con El Columpio Asesino, Jet Lag, Maga, Niños Mutantes y Deluxe; el segundo se les jodió un poco con la aparición del Metrorock y ciertas cláusulas de exclusividad. Este año... parece que la cosa está un poco mal: según cuentan los organizadores del Sonorama, se ha desatado una lucha feroz entre festivales por traer a los mejores grupos y, aunque esto no afecta tanto a los que tienen predilección por grupos raritos, se ha notado en que el cartel no se anunció hasta un par de semanas antes del festival. Y tampoco es que me mate el resultado.
La cercanía de los exámenes pone las cosas difíciles, especialmente después de los éxitos cosechados en febrero, pero aun así sacaré tiempo para ir a ver a Nacho Vegas la noche del viernes. Tengo ganas de verle en directo. Y encima gratis.

27 mayo 2006

Tercera sentada por una vivienda digna.

Tras el silencio o escaso seguimiento de las dos primeras sentadas, parece que algún periódico serio (hasta ahora, sólo 20Minutos le había dado publicidad al asunto) dedica algo de espacio a la tercera sentada por una vivienda digna. No sé si sacaré tiempo para ir (¿a quién se le ocurre meterse en estos berenjenales cuando empiezan los exámenes?), pero es una iniciativa interesante. Y no queda tan lejos en mis planes el dejar de gorronear a los padres.
Por supuesto, no dejaré de hacer el típico comentario: la de bombo que le dieron al tema del macrobotellón -declaraciones, columnas de opinión, tertulias en la radio- y el poco caso que le hacen a la juventud cuando no se mete en cosas merecedoras de crítica.
En fin, a ver si pongo a actualizar el Ubuntu, y dejo de perder el tiempo por aquí.

Efemérides

Hace un año Iván Ferreiro daba el primer concierto en Madrid de la gira Tour-nedo con notable éxito de crítica y público. Yo me chupaba la cola del concierto solito mientras mi acompañante me ponía increíbles excusas por el móvil, que estaba en la universidad trabajando y otras cosas nunca vistas. Para darle más verosimilitud, llegó media hora tarde al concierto, más lo que tardó en encontrarme. Afortunadamente, yo aún gastaba unos pelos lo suficientemente llamativos como para ser reconocido a distancia.
Acabada la música, el tío insistió en ir a casa de un colega suyo. Yo, un tipo de lo más sociable, no tuve ningún reparo en ir a una fiesta en la que no conocía a nadie en casa de un desconocido. Llevaba mi camiseta de hacer amigos (la que luzco ahí a la derecha), así que nada podía fallar. Todavía con la primera copa en la mano me preguntan si me gusta Maga y qué opino del segundo disco. Yo hago un comentario tan inteligente que no creen que sea mío. Y eso que no me conocen. Luego dicen algo sobre Nine Inch Nails y yo meto baza como si supiera del tema. Ya los tengo en el bote: se creen que soy una persona con amplia cultura musical -y hasta hoy siguen engañados-. Para compensarlo, digo un par de gilipolleces al servirme la segunda, pero son tan buena gente que hacen caso omiso.
Descubro que mi amigo tiene apodo, Mowgli, aunque después de tantos años llamándole por su nombre cuesta hacerse al cambio.
Juani, el culpable del tinglado, pone a sonar el OK computer de Radiohead y yo le aseguro que es mi grupo favorito, tarareando alguna estrofa para darle más veracidad. Total, debo ir por la tercera... Mowgli saca el tema de un guión para corto que se empeñó en que le escribiera. Resulta que Juani se lo ha leído y no le parece "bien": a pesar de piropearme por pura diplomacia, el tío ha desarrollado una opinión y discutimos un rato algunos aspectos de la trama. Da gusto encontrarse con alguien que te critica.
Antes de agarrarnos una moña tal que no podamos salir por la puerta nos vamos al centro. Seguimos la fiesta en la Plaza de Santa Ana, bebiendo, charlando y cantando. Acabado el combustible, por razones que aún no alcanzo a comprender, vamos a dar con nuestros huesos en el Black Jack. Intento abstraerme de la música infernal para bailar concentrado en un maravilloso par de tetas que flotan cerca, pero el nivel de alcohol en sangre está descendiendo por debajo de los niveles recomendados y no me apetece reponerlo a base de garrafón. Decido que me voy. Le digo a Mowgli que me voy. Media hora después le digo a Juani que me voy. No parece enterarse, así que espero cinco minutos y le repito que me marcho. Ahora sí ha hecho efecto: el hombre se da la vuelta envuelto en lágrimas y, entre efusivos abrazos, me hace prometerle que nos volveremos a ver. Claro que sí. En algún lugar del tiempo. El resto del grupo también se conmociona con el anuncio: a duras penas consiguen seguir la fiesta sin mí.
En Cibeles hace cinco minutos que ha pasado el último búho. Media hora hasta que abra el metro, una hasta el primer autobús. Como no me gusta estar parado, decido ir caminando. Mientras ando, voy recordando la noche, intentando asimilar lo ocurrido, asociar caras con nombres que se difuminan entre vapores etílicos. No todas las noches te regalan un grupo de amigos tan completo y bien hecho. Cuando abrazo la última farola antes de enfilar el portal de mi casa, el sol despunta en el horizonte.

21 mayo 2006

Eurovisión

Sorpresa en la tele. Anda la gente del sector revuelta porque el Festival de Eurovisión de este año ha ido a parar a Finlandia, que nunca se había comido una rosca en esto, y precisamente cuando presentan un grupo estrafalario de heavy o algo así. Unos tipos más disfrazados que los extras de El Señor de los Anillos que en lugar de darse al pop más banal y comercial se decantan por el rock duro. Pues ole.
No he escuchado la canción ni he visto más imágenes que las aparecidas en algún medio de comunicación, pero eso es lo de menos. Olé sus huevos. Los suyos y los de los finlandeses que se atrevieron a llevarlos. Por fin alguien apuesta por hacer algo diferente en lugar de presentar el mismo producto que todos. No sé si son buenos o malos, si la puesta en escena, además de agresiva, era efectiva; sólo sé que eran algo distinto, que se salía de lo habitual y que, seguramente gracias a eso, han ganado. A ver si por fin las academias se enteran de que no se trata de homogeneizar culturas, cantar cosas en inglés de estribillo pegadizo y montar una coreografía con macizorras. Sobre todo, no se trata de crear una canción que vaya a gustar a los jurados; la música no va de eso. Hay que ser original, arriesgarse al rechazo, sorprender y creer en lo que uno ha hecho porque es lo quiere y porque cree que es bueno. Y luego defenderlo.
Cualquiera diría que me importan algo los concursos estos. Simplemente, es un buen exponente de la música actual: un mercado en el que las composiciones se diseñan pensando en el cliente que lo va a escuchar (el target, que le llaman) y todos ofrecen lo mismo porque es lo que se va a comprar. Con el papel fundamental de los medios de comunicación, claro. Por eso, que una cadena estatal se atreva a romper la tendencia es una buena noticia. Y mejor todavía la constatación de que hay vida fuera de la tendencia dominante y el público es sensible a ello.

12 mayo 2006

Madame Bovary

Hace tiempo que no hago una reseña literaria y no es porque no haya leído nada interesante, al contrario: sólo es "falta de tiempo", forma más moderna de la pereza. Así que qué mejor entretenimiento para un viernes por la noche que escribir unas líneas sobre Madame Bovary.
Compré el libro hará un par de años, después de oír a Juan José Millás unas cuantas veces decir que lo realmente subversivo sería, en vez de botellones, romper cabinas y mear en las esquinas dibujando símbolos anarquistas (cito de forma completamente creativa), quedarse un sábado en casa leyendo la obra de Flaubert. Andaba por la Casa del Libro buscando algo en lo que gastar unos eurillos cuando di con una edición barata de la citada novela. Debí haber sospechado de un libro que no llegaba a los cinco euros por más de cuatrocientas páginas, pero sólo pensé que a ese precio podía comprar más libros. Después de aquello, el libró vagó por diferentes estanterías de casa sin que me animara a abrirlo. Siempre aparecía otro más urgente, más apetecible. Hasta que después de los exámenes de febrero recuperé la fiebre lectora y me atreví a meterle mano. (Que nadie se extrañe de que use semejante terminología: basta con leer mi Introducción a la Lectura. Ah, es cierto, no lo he posteado por aquí. Cuando me encuentre con ánimos lo haré) Y, por darle el gusto a Millás, me quedé un par de sábados en casa leyéndola.

En fin. Empezaré diciendo que me gustó. A grandes rasgos, cuenta la historia de un médico de provincias y su esposa, la Madame Bovary del título, una mujer algo inconformista. Todo en un ambiente rural y anticuado, como corresponde a la Francia de mediados del XIX. Por algo le llaman novela decimonónica. El estilo es claro y preciso sin pecar de parco. Un ejemplo de lo que es escribir bien, si no fuera por la traducción que a veces chirría en unos giros muy extraños. De hecho, en ocasiones tuve la sensación de que estaba traducido de una traducción previa al inglés; será porque en francés hay formas de expresarse parecidas. Cosas del contagio entre lenguas.
La trama no es especialmente absorvente: no hay un ritmo frenético, ni situaciones tensas que te hacen correr de un capítulo a otro, ni giros inesperados. Aún así, consigue enganchar a base, precisamente, de contar bien una historia. A pesar también, de unos personajes que no consiguen despertar ninguna simpatía. Lo cual no quiere decir que sean planos, ni mucho menos. Simplemente, no hay ningún héroe, nadie a quien admirar:
El médico Bovary es un tipo mediocre que aprobó los exámenes de Medicina a duras penas y porque su madre le insistió. Luego se casó, de nuevo gracias a su madre, con una viuda que parecía rica y que murió poco después sin dejar nada. Soltero de nuevo, se enamora de la hija de un granjero y se casa con ella. Como médico, es capaz de curar resfriados, entablillar huesos rotos y poco más. Encima, su mujer no le ama y el tipo es tan calzonazos que sigue completamente entregado, y se diría que ajeno.
La señora Bovary es hija de un pequeño terrateniente que se ha criado en un internado entre clases de piano y novelas rosas que le hacen imaginar un mundo que nunca encontrará en su vida. Se casa con un hombre al que no está segura de amar, pero, oye, es médico y parece buena persona. Termina por exasperarle que el tipo sea tan pánfilo y le toma una tirria tremenda, hasta el punto de buscarse algún que otro amante. Se muere por llevar un tren de vida alto, pues cree que esa vida edulcorada que ella busca está en la aristocracia y quiere aparentar, lo que le acabará llevando a una espiral de deudas que dejarán la casa en la ruina.
El farmacéutico, Homais, es otro al que le encanta tener buena fachada. Siempre atento a opinar para que se note lo inteligente y leído que es, tiene debilidad por las discusiones teológicas contra el párroco.
Así podríamos seguir: nobles con amantes de usar y tirar, ladinos prestamistas y otros entrañables ejemplares, pero mejor os dejo algo para cuando leáis la novela. Ninguno de los personajes como digo, busca caer simpático al lector: unos son odiosos, otros dignos de lástima, el de más allá anodino, el siguiente afectado. No he empatizado con ninguno de ellos, ni siquiera con los más débiles, pues generalmente se granjean su desgracia a base de mucho trabajo o mucha desidia. Hecho interesante, pues supone un interesante cambio en la forma de narración: la figura del antihéroe no aparecería hasta tiempo después y, aún así, suele ser una persona normal, con la que puedes indetificarte en sus defectos y simpatizar.

A pesar de lo que haya podido parecer, una lectura muy recomendable.

06 mayo 2006

París (II)

Amanece en París. Un hotel de cuatro estrellas que en España no pasaría de pensión. En la callecita en la que está situado, a pesar de ser sábado, comienza a haber actividad: abre la panadería, la carnicería, la pescadería, el frutero expone la mercancía en la acera. Resulta que esto no es algo extraño: en la capital francesa se conserva el comercio de barrio. Incluso hay librerías, una cantidad de librerías especializadas en cualquier tema que resulta inimaginable en Madrid, donde pocas tiendas resisten a la proliferación de centros comerciales y franquicias. Una ciudad que ha sabido hacerse moderna sin renunciar al pasado y la tradición: añade, no sustituye.
Para conocer una ciudad, nada mejor que caminar por ella. Si no, uno acaba con recuerdos aislados que no tiene del todo claro cómo unir. Por eso bajamos desde el hotel caminando hacia el Sena por la calle Richelieu. De camino, un monumento a Molière. Y un poco más alante, pasada la Biblioteca Nacional (aquí parece que cada edificio guarda un pedazo de Historia), el Palais Royal, con sus agradables jardines. Nos asomamos al Louvre ya que estamos allí, pero no vamos a desperdiciar una soleada mañana parisina en un museo.
Pirámide Louvre
Salimos a la orilla del Sena y nos dirigimos hacia la Île de la Cité, pasando por el famoso Pont des Arcs. Cruzando el puente más antiguo de París, de ahí que le llamen Pont Neuf, se llega a la citada isla, donde se encuentra la Saint Chapelle, bonita por fuera y muy decorada por dentro. No dudo que todas esas vidrieras y policromías sean buenas obras de arte, y en la Edad Media debían producir una sensación sobrecogedora; pero, hoy en día, a mí me resulta más bien tirando a hortera, todo muy excesivo. Soy de gustos más simples.
Frente al Palais de Justice se abre el atrio de Notre-Dame, una de las catedrales más importantes del mundo y paradigma del gótico. Una suerte que en Francia no les diera la manía de plantar el coro en medio de las catedrales; así se puede disfrutar de toda la perspectiva como fue concebida. Se puede subir a las torres por un módico precio y tras una ligera cola de una hora a la sombra. Nos turnamos para poder dar una vuelta alrededor de la catedral mientras tanto. La espera merece la pena: eternas escaleras de caracol, la habitación donde la Esmeralda de Víctor Hugo se refugiaba, gárgolas al alcance de la mano y unas preciosas vistas de París. Lo que da pie a una foto que, sin ser muy original, me gusta:
París desde Notre Dame
Detrás está la Isla de Saint Louis, más tranquila, más cercana a la realidad. Aquí se encuentra Quai D'Orléans, calle en la que viví un año y me trae numerosos buenos recuerdos. (Vaaale, no viví allí de verdad, formaba parte de la clase de francés tomar residencia ficticia en París.) Son las dos de la tarde, así que hacemos una incursión en una boulangerie para aprovisionarnos.
Con fuerzas renovadas proseguimos la marcha. Dirección: Arco del Triunfo. Por el camino, puestos de libros de seguna mano junto al río; el Hôtel de Ville, la iglesia Saint-Germain l'Auxerrois, de nuevo el Louvre con su pirámide, el Jardin des Tuileries, la Place de la Concorde con el obelisco que consiguieron llevarse de Luxor (el otro casi se lo cargan en el intento y lo tuvieron que dejar allí torcido), eso sí, muy bien explicadito el proceso de saqueo, y, por fin, los descomunales Champs-Elysées. Obligado acercarse al número 30, donde se alojó el conde de Montecristo durante su estancia en París. A mitad de avenida, paramos en un café a beber algo y tomar resuello. Todo a un precio risible (por no llorar).
Al fondo, finalmente el Arco del Triunfo, con todas las victorias del ejército napoleónico. De derrotas, como en el caso de Nelson, no hay noticia.
Para acabar la tarde, una visita a la Torre Eiffel. Una cola de tres pares de narices para subir, ya sea en ascensor o andando. Menos mal que me he traído el MP3 y el amigo Wilco me acompaña mientras me entretengo haciendo cienes y cienes de fotos de la estructura que no subiré para no torturaros (más).
Torre Eiffel desde abajo
Encima, una vez consigues llegar a la taquilla (apenas hora y pico; aún quedaba Kicking Television para rato) te dicen que no puedes sacar billete para el último piso, que eso, a pesar de lo que dicen las pantallas luminosas, se compra en (otra cola en) el segundo piso.
En fin. Desde arriba hay una vista vasta y espectacular (y hace un fresco destacable). Me pongo a hacer pruebas con la panorámica de la cámara y aquí tenéis los resultados. Como se puede comprobar, no lo domino mucho, y el posterior pegado en Photoshop tampoco. La segunda tirada está algo más trampeada, pero también queda más decente. Estaría bien ponerlas algo más grandes, pero Flickr y Blogger se niegan. De modo que, si os interesan (me imagino que esto traerá un avalancha inmanejable de peticiones), no tenéis más que pedírmelas.
Bajamos de las alturas cuando ya anochecía y, por primera vez, nos permitimos tomar el metro. En conjunto, calculo en Google Maps que el recorrido fue de unos 20 km., lo que no incluye las agotadoras horas de espera en pie. Qué dura es la vida del turista.
Cerca del hotel habíamos visto por la mañana un apetecible restaurante en el que servían fondues. Nos zampamos una de carne con una enorme fuente de patatas fritas -lástima que no le hiciera una foto. La cena es tan tranquila y se está tan a gusto en este sitio que nos cuesta llegar despiertos a los postres.

03 mayo 2006

París (I)

Ayer regresé de mi pequeño viaje al otro lado de los Pirineos. La primera vez que voy a París (dudo que sea la última), en una visita rápida pero suficiente para conseguir algunas ideas generales. Para no hacerlo demasiado pesado -y más cómodo para mí al poder escribir poquito a poco- lo voy a separar en varias entregas. Y qué mejor que empezar por la llegada.

Siempre está bien alejarse un poco del terruño para ver cómo se hacen las cosas en otros lugares. Puede servir, por ejemplo, para ver que las cosas que sólo pasan en España también ocurren en otros países. Me explico. Aeropuerto Charles De Gaulle, sobre las 22.30 de un viernes de finales de abril. El avión ha llegado prácticamente en el horario previsto. Salimos atravesando pasarleas y pasillos con aspecto muy moderno, cruzamos unas puertas automáticas que, no sabemos muy bien para qué, sólo se pueden cruzar de uno en uno. Llegamos a unas escaleras y la gente no baja. Apelotonamiento. En el hall de abajo, soldados con metralleta, policía. Más de media hora allí de pie sin recibir ninguna explicación, vigilados por el ejército. Por fin, una responsable del aeropuerto coge un megáfono y explica, en lo que supongo que es un perfecto francés, que hay una maleta "sospechosa" de un vuelo anterior que no ha sido recogida y que la zona está acordonada. Los que no tengan equipaje que recoger pueden irse. Ni una sola palabra, no ya en español, lo cual sería un detalle para un vuelo proviniente de España, sino que tampoco en inglés. Un rato después, vuelve a tomar el megáfono para decirnos que pasemos a la siguinte sala. Sin bancos ni nada esperamos con el agradable ruido de un martillo hidráulico de una obra cercana. Para no echar de menos Madrid. En todo este tiempo no son capaces de llevar nuestras maletas hacia otra cinta, otra sala, y además siguen llegando vuelos. Por supuesto, una maleta que ha llegado entera de un viaje en avión, que, como todo el mundo sabe, es el colmo de la delicadeza con las bolsas, no puede ser tocada, no vaya a ser que pase algo. De vez en cuando, un tipo con pito, con silbato, quiero decir, nos lleva, como un rebaño, un poco más lejos.
23.45. La maleta sospechosa ya no es un problema y podemos pasar a recoger el equipaje. Una sala con varias cintas transportadoras sin ninguna pantalla que indique de qué vuelo provienen. Es que lo de Madrid ya no está dando vueltas en la cinta, sino formando una fantástica montaña en el suelo de la que cada uno debe desenterrar como pueda lo suyo. Que cada perro se lama su pijo y maricón el último. Menos mal que estamos en un país europeo.
Pero la cosa no queda ahí. Quedan menos de diez minutos para que salga el último tren hacia París. Carrera por la terminal hasta la estación. Las taquillas, a estas horas intempestivas, están ya cerradas, así que hay que usar las máquinas expendedoras. Éstas no aceptan efectivo (no se sabe por qué), sólo tarjeta. Pero ojo, tarjeta de crédito francesa. Lo cual, para un aeropuerto internacional, es todo un detalle. Así que allí estamos unos cuanto extranjeros completamente frustrados e impotentes, viendo que el tren ya ha llegado y no podemos comprar el billete. ¿Solución? Colarse, qué remedio. Por suerte, igual que no hay taquilleras, tampoco hay vigilantes ni revisor. El único problema es que en la estación de destino vuelve a hacer falta el billete para salir. Nada como hacerse el tonto para conseguir que te abran la puerta sin ticket.
Aunque, claro, a estas horas ya no hay forma de hacer trasbordo y hay que buscar un taxi que nos lleve al hotel. 10€ por un trayecto de cinco minutos. Cosas así sólo pasan en nuestro país.

26 abril 2006

Metro de Madrid, huela

Empiezan los calores, y eso se nota especialmente en nuestro querido suburbano. Si ya en invierno tiene una atmósfera cargada, en cuanto suben un poco las temperaturas la cosa se acerca más a sofocante. Obreros, gente que viene de hacer deporte o, directamente, tipos que se preocupan realmente poco por la higiene (¿es personal si puede afectar a tantas personas?), unidos a un sistema de renovación de aire poco eficaz, hacen esta situación posible. De aire acondicionado ni hablamos. Eso se reserva para congelarnos en los autobuses en agosto.
Por si fuera poco, la cosa se complica con las aglomeraciones de los últimos días: unos porque hay huelga, otros porque sí, porque puede haber averías en el momento más inesperado. Gracias por dejarnos sentir un poco de calor humano.
Otra cosa que tampoco acabo de entender, este tipo de huelgas consistentes en causar molestias al cliente, en vez de al empleador. ¿Les importará mucho a los jefes que la gente vaya algo más apretada que de costumbre y llegue a sus destinos con retraso? Al final, o la montan los usuarios, como en la última huelga de autobuses, donde se acabaron amotinando y agrediendo a algún conductor, o los de arriba ni se inmutan. ¿No sería mejor hacer una huelga de verdad? Vale cualquiera de sus variantes: a) parar completamente el servicio de metro o, b) que funcione todo con normalidad, o incluso bien, pero, por ejemplo, no cobren al usuario. Aunque esto seguro que no es competencia suya, y así pueden hacer sus huelgas por un lado los conductores, por otro los taquilleros, por otro los de seguridad...

PD: no soy muy dado a los titulares ingeniosos (prefiero intentar hacerlos inteligentes), pero en esta ocasión no he podido resistirme.

25 abril 2006

Yo también amo a Laura


La última frikada que triunfa en internet. Si Laura es la de azul, yo también la quiero, aunque no sé si aguantaría hasta el matrimonio. Otras teorías proponen que los cuatro aman a Laura, y lo que esperan es que con este gobierno de rojos se legalice la poligamia.
Que en realidad sea una campaña de MTV es lo de menos.

21 abril 2006

Acoso

Buscando información sobre la expresión sexual assault para traducirla en la entrada anterior, Google de nuevo me lleva a otro gran hallazgo: una página del U.S. Department of Health and Human Services, el equivalente al Ministerio de Sanidad, en dónde explica a las mujeres qué es eso del "asalto" sexual (no sé si es del todo correcto traducirlo por acoso):
Sexual assault and abuse is any type of sexual activity that you do not agree to, including:
  • inappropriate touching
  • vaginal, anal, or oral penetration
  • sexual intercourse that you say no to
  • rape
  • attempted rape
  • child molestation
Bueno, hasta ahí vale. Es parecido al concepto de acoso que tengo. Pero es que luego siguen:
Sexual assault can be verbal, visual, or anything that forces a person to join in unwanted sexual contact or attention. Examples of this are voyeurism (when someone watches private sexual acts), exhibitionism (when someone exposes him/herself in public), incest (sexual contact between family members), and sexual harassment
Chupa del frasco. Tirarte a tu hermana también es delito (un tabú, no del todo absurdo, bastante antiguo). Incluso seguramente ir desnudo por la calle sea una agresión, sin ser especialmente deforme ni nada. Me suena (hasta ahora creía que era leyenda urbana) que hay estados en los que si te ven practicando el sexo en tu casa también puede ser ilegal, por no echar la cortina. Degenerado.
A continuación, nos ofrecen unos útiles consejos (selecciono los mejores):
  • Never leave your drink unattended — no matter where you are. Date rape drugs make a person unable to resist assault and can cause memory loss so the victim doesn’t know what happened.
  • Lock your door and your windows, even if you leave for just a few minutes.
  • Be wary of isolated spots, like underground garages, offices after business hours, and apartment laundry rooms.
  • Avoid walking or jogging alone.
  • Never hitchhike or pick up a hitchhiker.
  • In case of car trouble, call for help on your cellular phone. If you don’t have a phone, put the hood up, lock the doors, and put a banner in the rear mirror that says, “Help. Call police.”
Todo muy útil, sí, para aumentar la paranoia estadounidense: cualquiera en cualquier momento te puede atacar. No te fíes ni de los amigos, convierte tu casa en una fortaleza, no camines solo (aunque tampoco te puedes fiar de la gente conocida); vigila siempre a tu alrededor, porque te puede caer cuando menos te lo esperas.

Examen sinusal gratuito

Reuters nos regala, a través de la página personalizada de Google, una de esas historias que sólo pueden pasar en EE.UU: Phony doctor gives free breast exams. Algo así como "falso médico ofrece exámenes de mamas gratuitos". Lo sorpendente no es eso, sino que al menos dos mujeres de treinta y tantos aceptaron cuando un tipo de 76 años se presentó en su puerta y les pidió que se desnudaran para un examen médico gratuito. Eso sí, una de ellas sospechó cuando el hombre empezó a tocarle los genitales sin guantes. Así que ya sabéis: si queréis ir fingiendo reconocimientos médicos por las casas de universitarias americanas, hacedlo con guantes, que si no puede resultar sospechoso. Y encima te acusan de abuso sexual, o algo así. ¡Pero si se habían dejado!
Es como el mail aquél que te advertía de que si llegaba un hombre a tu puerta diciendo que hacía una encuesta para Chupa-Chups y te pedía que le chupases la polla era mentira, pues en realidad trabajaba para Sugus: resulta que hay sitios en los que la gente se lo cree.

18 abril 2006

Entre tanto, remar

Es posible que últimamente escuche demasiado a Nacho Vegas. También es cierto que he dado una vuelta de tuerca más a la interpretación de sus canciones. Primero, la alegre tristeza que desprenden muchas de sus composiciones, música alegre y letras tristes. Segundo, amargura: todo tiene un brutal toque irónico, más cercano al sarcasmo o la sátira, que no deja títere con cabeza, empezando por él mismo (uno mismo), todo desprende un polvo gris, cualquier cosa buena esconde una mala. Sería difícil sobrevivir en semejante mundo si no fuera por los viajes al jardín de la duermevela. Ahora, esperanza. Quizá sea distanciamiento personal, quizá forme parte de las propias palabras, del propio distanciamiento necesario para escribir tan desde dentro, pero tras esa amargura se esconde una suerte de fatalismo vitalista, o vitalismo fatalista, si es que una conjunción tan extraña se puede dar. Aunque espere que tras esta vida no haya nada más, aunque lleve tatuado en el pecho PERDEDOR, aunque no haya droga capaz de matar todo ese dolor, lo ha pasado bien y ha trazado un ambicioso plan, que consiste en sobrevivir (dicen que en el amor siempre hay un vencido y un vencedor, pero no hay más que supervivientes). De todas formas, no es tan largo el camino ni tan lento el dolor. Y, entre tanto, remar.

06 abril 2006

Qué ciudad

Lugar: La Riviera, Madrid
Día: 24 de marzo de 2006
Hora: 21.00
Culpable: Iván Ferreiro y otros artistuchos

Empezó puntual el espectáculo porque traían un programa apretado. La Riviera, aunque se habían agotado las entradas, no me pareció tan llena como en otras ocasiones. Quizá es sólo que estaba menos metido en el mogollón que de costumbre. Arrancaron, como dos semanas antes, con Días extraños y Santadrenalina. De hecho, el repertorio fue bastante parecido, aunque cambiando algo el orden. Cabe destacar la inclusión de Piensa en frío, gran tema que tendrán que grabar en algún momento. Lo malo es que con estos temas no publicados y las versiones parte de la gente se ponía a charlar, como si aquello fuera un bar. Hacia el final del concierto empezaron las "sorpresas": Iván invitó a Lisandro Aristimuño a cantar y tocar Ciudadano A, aunque debo decir que, desde mi posición, su aportación resultó... infinitesimal. Inapreciable. Encima, se perdió en gran medida la potencia guitarrera del final. Poco después empezaron a sonar unas notas conocidas... no puede ser... ¡Diecinueve! Y, por si fuera poco, se une Miguel Rivera, el cantante de Maga. Aprovecho para dar unos botes orgulloso con mi camiseta del grupo sevillano. Suena La distorsión; en esta segunda escucha me gusta mucho más, pero sigue sin ser una canción para acabar un concierto. Claro, si todavía no han tocado La Canción. Efectivamente, para cerrar la actuación, Turnedo. Y en ese maravilloso popurrí en que desemboca suben al escenario los invitados anteriores y Xoel López, aka Deluxe, que añade toda su clase y alguna canción de su repertorio. Saludan y se van, pero el público quiere más. Grita, canta, silba durante unos cuantos minutos, hasta que la banda no tiene más remedio que volver. Pero cuando estamos a punto de relamernos pensando en lo que se avecina, Iván toma el micro y nos dice que lo siente mucho, pero son las once y no pueden tocar más. No quiere que cierren otra sala. ¿Qué clase de ciudad es esta en la que la mayor sala de conciertos debe callarse a las 23.00 porque si no la denuncian? Además, los menores de edad no pueden asistir a estas actividades culturales, el ayuntamiento persigue a los locales hasta asfixiarlos, ir con una lata de cerveza abierta por la calle es delito... Asco de ciudad.

03 abril 2006

Confesión

Sí, confieso: fui educado en la LOGSE. Quizá haya conseguido engañar a alguno a lo largo de mi vida luciendo una cierta pátina cultural, o dándomelas de cultureta directamente, pero es todo mentira; y, lo poco que de verdad haya aprendido, fue todo fuera de la escuela.
De hecho, como todo el mundo sabe a estas alturas, lo del colegio era una tapadera: los niños y adolescentes teníamos a los padres convencidos de que íbamos al colegio o instituto, lugares de enseñanza, pero, gracias al PSOE y su ley, pasamos allí años sin que una sola idea consiguiera penetrar en nuestras duras molleras. En Primaria nos tuvieron que enseñar a leer y escribir y las cuatro reglas para disimular más que nada. Habría resultado demasiado llamativo para nuestros progenitores. Sin embargo, una vez alcanzados esos niveles básicos, las clases se convirtieron en una pantomima: los profesores se encerraban durante una o dos horas con los alumnos sin hacer realmente nada.
En Geografía no llegamos a estudiar siquiera la Península, mucho menos esos países extranjeros con nombres tan raros.
La Historia era siempre una versión descafeinada, apocada, sin batallas ni esas cosas violentas; la profesora andaba pidiendo perdón cada dos por tres por las tropelías cometidas por nuestros antepasados. De la Guerra Civil, lo que vino después o lo de después de aquello (perdonen, es que ni sé el nombre) ya ni hablamos.
En Matemáticas nos pasábamos el día intentando sumar peras con manzanas, así que cuando empecé una ingeniería en la que integrar y derivar era el pan nuestro de cada día me encontré completamente perdido, suspendiendo álgebra y cálculo convocatoria tras convocatoria.
Lengua y Literatura fue de lo más penoso: nos habían enseñado a escribir, pero no continuaron con las reglas de acentuación, menos aún con puntuación, sintaxis, redacción fluida o algo parecido. Si aquí se me escapa alguna construcción correcta y sin faltas de ortografía es por el corrector de Word, que como todo el mundo sabe, no deja pasar una. En cuanto a los libros, no sólo no nos obligaban a leernos un libro al mes más otro clásico cada trimestre (Delibes, el Lazarillo de Tormes y ese tipo de best-sellers de usar y tirar), sino que nos recomendaban que leyéramos lo menos posible, pues está demostrado que es nocivo para la vista. De Historia de la Literatura nada, por supuesto. El año pasado me enteré de la existencia de un tal Cervantes que había escrito un libro muy gordo gracias a la tele, en la que hablaban todo el rato de ese señor no sé muy bien por qué, si se había muerto hacía mucho. Al final me entró curiosidad y lo intenté leer, pero me pareció una mierda y lo dejé sin acabar el primer capítulo.
Teníamos también una clase que primero se llamaba Ética y luego Filosofía en la que una profesora hablaba de cuestiones que a nadie le importan, de modo que no le hacíamos mucho caso; quiero decir, todavía menos caso que a los demás. Seguramente, una de las mayores pérdidas de tiempo de mi edad escolar. Como nadie nos había enseñado a pensar, nunca surgió ningún tipo de discusión en clase ni seguimos hablando jamás de esos temas fuera de las aulas.
Encima, dado que las asignaturas de Letras están discriminadas, las de Bellas Artes también y las de Ciencias no son menos (ya digo que todo era en realidad una coartada para juntarnos en los recreos a jugar al fútbol), he acabado sin tener unas nociones mínimas de latín (lo de los griegos, con el alfabeto ese tan raro que tienen ya es imposible), haber dibujado un jarrón o escuchado a Bach en mi vida. Y cuando leo en el periódico, perdón, veo en la tele una noticia sobre avances genéticos, experimentos físicos sobre la naturaleza del universo o la estructura de la materia no tengo la menor idea acerca de qué rayos están hablando.
Ahora que ya he terminado, sólo quiero que me dejen hacer botellón en paz.

29 marzo 2006

We create, we destroy

Llevo unos días algo desaparecido, pero no creáis que es todo tiempo desaprovechado; no todo son fiestas y conciertos. A raíz del comunicado de ETA, he estado realizando un trabajo de campo, de inmersión en blogs y foros de derechas. Por ahora sólo como lector, intentando comprender, saboreando el ambiente. Seguramente esto no lleve a ninguna parte, pero es que es un mundo fascinante, absorbente.
Uno de los sitios de referencia, aparte de Libertad Digital y "periódicos" del estilo, es HazteOir.org, descubierto gracias a los chicos del Manifestómetro. A pesar de lo que pueda parecer por el nombre, no es una plataforma para llevar la voz de los ciudadanos a las altas esferas, sino una organización que te cuenta las noticias (siempre tratadas desde un particular punto de vista) y a continuación lo que tienes que opinar y exigir. No tienen desperdicio las encuestas que aparecen en la barra derecha, tan fantasiosas como ésta:

¿Cuál de éstas debería ser la prioridad del Gobierno de Zapatero en estos momentos?



Más vivienda, más trabajo, ayudas a las familias82 % 82.55% (653)
Retirar estatuas de Franco y de José Antonio1 % 1.64% (13)
Reconvertir el Valle de los Caídos en un museo1 % 1.64% (13)
Trasladar los papeles de Salamanca a Cataluña1 % 1.39% (11)
Casar gays y lesbianas y darles niños en adopción5 % 5.69% (45)
Darle a Polanco más emisoras y canales de TV1 % 1.39% (11)
Sacar la religión de las calles y de las escuelas3 % 3.29% (26)
Hacer homenajes a Santiago Carrillo y a sus amigos2 % 2.40% (19)


Pero aún mejor es visitar los foros, donde se producen hipnotizantes discusiones, o más bien orgías onanísticas, si es que algo así existe; o, usando terminología de Tarantino, se chupan las pollas unos a otros. Para situar sus ideologías en el mapa, baste decir que se definen como "humanismo cristiano", algo que así en principio podría estar bien; aunque luego resulta ser más bien humanismo católico emplazado a la derecha del PP. Últimamente Rajoy les parece un tipo centrista y laico (!!). No quiero calificar más; sólo animar a que os déis una vuelta por el lugar, a que salgáis de la burbuja y os adentréis al otro lado de la valla.Tampoco tienen desperdicio los blogs del anillo. Sin ir más lejos, los recomendados en HazteOir.org, como, por ejemplo, Cómo ser de derechas y no morir en el intento. El título me hizo ilusionarme por un momento creyendo que sería razonable; luego pensé de dónde venía el enlace y, al leer, constaté lo que era. Del palo de Monclovitas y otros sitios, como digo, del anillo. Basta seguir los enlaces que aparecen en las propias bitácoras.

Y nada, que no hay manera. Llevo una semana deambulando por esos áridos desiertos y no he encontrado un solo oasis de ideas frescas. No diré que tienen un olor rancio, a llevar bastante tiempo encerradas, porque sería demasiado tópico; aunque sí que no he encontrado argumentos convincentes, sino una serie de lugares comunes que todos aceptan. Cualquiera que disienta ligeramente es tachado de troll o, peor aún, de "talante". (Yo, en mi ignorancia, creía que era un sustantivo y que el adjetivo, aunque poco usado, era "talantoso"; bueno, me voy acostumbrando a errar.) Por no hablar de los obvios rojo, masón, progre, pro-homosexual (o algo así). La verdad es que el lenguaje se acaba pareciendo espeluznantemente a esas absurdas izquierdas a las que se les llena la boca de grandes palabras.
En fin. Cita del día, que ya he leído recientemente a dos poetas, Caballero Bonald y Ángel González, ambos masones, algo apátridas, calvos y, encima, canosos:
Patria, palabra triste, como termómetro o ascensor
(Pablo Neruda)

22 marzo 2006

Titulares

Buen día para darse un paseo por los distintos periódicos digitales (y blogs, ya de paso) y así distinguir a los periodistas de verdad (aunque no sean buenos) de la simple gente que publica "noticias". Que cada uno busque sus ejemplos.

21 marzo 2006

Desafortunado en el juego...

... afortunado en amores. O eso es lo que me decían de pequeño cuando perdía en los juegos de mesa. Para suplir el poco cariño que me tenía el azar, tuve que desarrollar cierto ingenio y estrategias de juego. Pero a veces ni por esas. No hay estrategia capaz de vencer la buena suerte del contrario.
El consuelo que me ofrecían, me resultaba completamente estúpido. ¿Qué tenía que ver una cosa con la otra? Y, aún más, ¿para que me servía a mí el amor, si yo lo que quería era ganar aquella partida de cartas? Ahora, en cambio, que el asunto sí que tiene cierto interés para mí, me encuentro unos solomillos de primera mano... hago tute, consigo cincos para sacar la ficha del parchís en seguida, campo por el tablero del Risk a mis anchas... pero de las mujeres hace demasiado tiempo que no tengo noticias.
En fin, a lo que iba: me han tocado dos entradas para el concierto de Iván Ferreiro este viernes. ¿Alguna interesada?

15 marzo 2006

ablar por ablar

Prácticamente todos los días al volver de clase me encuentro con el cartel de una tienda de telefonía que reza: "Telefonica te abla". No fue bastante con perder la tilde (luego dijeron que estaba incluida en el último trazo de la efe, también que era un cambio orientado al mercado internacional). Ahora siguen en su ataque al español (con perdón), ampliando sus mutilaciones. O reduciendo, no sé. Nunca he entendido el desprecio de algunas personas "de ciencias" hacia el idoma; menos todavía en trabajos en los que la comunicación es algo básico. Si es que hay alguno en que no lo sea. Aunque seguro que la iniciativa partió de algún iluminado con carrera en Bellas Artes al que la hache la parecía antiestética o un lumbreras de ADE con inagotable visión comercial o vaya usted a saber quién. La ortografía (y la gramáticay la sintaxis y...) tiene enemigos por todas partes. ¿No tiene nada que decir al respecto la CMT? ¿No se puede denunciar a alguna asociación de defensa del consumidor, o simplemente de los derechos humanos? Esto sí que es para retirar la campaña y no esas pamplinas feministas que se esgrimen por media de pipas (Nota mental: tengo que desahogarme sobre eso en otra ocasión).
En fin, que me desvío. Yo lo que quería comentar es que cada vez que Telefonica (sin tilde) amenaza con ablarme no puedo evitar acordarme de la canción banali banali de Javier Álvarez (del maravilloso disco tiempodespacio):
me abláis cristianos, judíos y ateos
me ablacionáis en la lengua de alá
o, como escribe Fucowski:
Telefónica te abla (Jazztel te circuncida)
Dos ideas similares que demuestran que la expresión, además de fea, es poco afortunada.

13 marzo 2006

Dulce condena

Desde hace un par de semanas, es decir, desde que empecé este cuatrimestre y dejaron de sacarme muelas (aunque todavía tengo la segunda parte pendiente), dado el lamentable nivel de ciertos profesores, estoy dedicando las mañanas de lunes y jueves a estar en la biblioteca. Tampoco os vayáis a creer que estudiando. Bueno, vale, un poco. Pero, sobre todo, leyendo. Novelas. De hecho, el jueves pasado decidí no perder casi dos horas entre ir y venir y, aprovechando que se acerca la primavera, me fui a un parque a leer. Admito que un banco de la calle no es el sitio más cómodo del mundo; para la próxima buscaré un café tranquilo en el puerto, o algo así.
El caso es que me fui con la idea de terminar de leer el último libro de Javier Cercas, La velocidad de la luz, otra recomendable falsa autobiografía. Entre otras reflexiones interesantes (el éxito y el fracaso, la culpa, la guerra), diavaga sobre un tema que encuentro más cercano: la condición de escritor. Además de las disquisiciones acerca de cómo afrontarlo, la autocrítica, la aceptación, plantea una cuestión que, sin resultarme completamente nueva ni original, me llegó: la idea de que alguien no es escritor por voluntad, sino que es una especie de condena. Dejaré que él lo explique:

... era un escritor y no podía ser otra cosa, porque escribir era lo único que podía permitirme mirar a la realidad sin destruirme o sin que cayera sobre mí como una casa ardiendo, lo único que podía dotarla de un sentido o de una ilusión de sentido (...)

o, dicho de forma más breve:

[un escritor] es un chiflado que mira la realidad, y a veces la ve.

No seguiré intertextualizando, a ver si me va a denunciar por plagio. Con la de gente que visita este blog... En fin, yo lo que quería decir es que no he podido evitar sentirme retratado; pensar que a menudo me he sentido como un excéntrico que en ocasiones se da cuenta de las cosas y que la única forma que tiene de intentar darle una apariencia de coherencia es escribiendo. Llevo ya casi tres años registrando por escrito mi vida y lo cierto es que cada vez que te enfrentas a un papel te ves obligado a estructurar las cosas. Quizá en el momento no siempre se consigue, pero ayuda a que, con el tiempo, esos trazos amorfos se conviertan en perspectiva; que esas líneas que hasta hace un momento no eran más que un amasijo sin regla alguna de pronto se conviertan en una figura clara y precisa.
Así pues, tal vez el asunto no sea querer ser escritor o no. Tal vez el asunto sea mucho más sencillo y angustioso: escribo, necesito escribir; soy escritor.