12 enero 2008

Muere Ángel González

Me tomo un descanso de los estudios y recibo una mala noticia: Ángel González, poeta, posiblemente el mejor poeta vivo de este país, ha muerto. La nueva me deja mal cuerpo. Apenas le he visto un par de veces en persona, nunca he hablado con él, y sin embargo siento que deja un vacío. Perdemos una voz lúcida, inteligente e irónica, una voz profunda capaz de recitar sus propios poemas como pocos. Sí, nos queda su obra, por fin incompletas sus obras completas, y su voz registrada en algunos discos. Gran consuelo. Desconsuelo.

Nunca hablé con él, y sin embargo siempre le sentí cercano, un amigo comásn quien merendar algunas tardes, especialmente aquellas sin pulpa comestible, con quien masticar los minutos en un ejercicio de melancolía, sin perder nunca el humor, sintiéndome por unas horas un poco asturiano. Siempre sentí simpatía y cariño hacia Ángel González, como hacia un abuelo, y consumía ávido cualquier aparición suya en los medios, como si de un conocido se tratara, regocijándome de su serena sabiduría, de sus reflexiones irónicas.

Inicio así una serie de citas-homenaje con las que recordarle en estos tristes días.

DATO BIOGRÁFICO

Cuando estoy en Madrid,
las cucarachas de mi casa protestan porque leo por las noches.
La luz no las anima a salir de sus escondrijos,
y pierden de ese modo la oportunidad de pasearse por mi
[dormitorio,
lugar hacia el que
-por oscuras razones-
se sienten irresistiblemente atraídas.
Ahora hablan de presentar un escrito de queja al presidente de la
[república,
y yo me pregunto:
¿en qué país se creerán que viven?;
estas cucarachas no leen los periódicos.

Lo que a ellas les gusta es que yo me emborrache
y baile tangos hasta la madrugada,
para así practicar sin riesgo alguno
su merodeo incesante y sin sentido, a ciegas
por las anchas baldosas de mi alcoba.

A veces las complazco,
no porque tenga en cuenta sus deseos,
sino porque me siento irresistiblemente atraído,
por oscuras razones,
hacia ciertos lugares muy mal iluminados
en los que me demoro sin plan preconcebido
hasta que el sol naciente anuncia un nuevo día.

Ya de regreso a casa,
cuando me cruzo por el pasillo con sus pequeños cuerpos que se
[evaden

con torpeza y con miedo
hacia las grietas sombrías donde moran,
les deseo buenas noches a destiempo
-pero de corazón, sinceramente-,
reconociendo en mí su incertidumbre,
su inoportunidad,
su fotofobia,
y otras muchas tendencias y actitudes
que -lamento decirlo-
hablan poco en favor de esos ortópteros.

Descanse en paz, maestro.

2 comentarios:

gfunho dijo...

ESO ERA AMOR

Le comenté:
-Me entusiasman tus ojos.
Y ella dijo:
-¿Te gustan solos o con rimel?
-Grandes,
respondí sin dudar.
Y también sin dudar
me los dejó en un plato y se fue a tientas.



Que pena :(

berti dijo...

Ay...