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18 noviembre 2015

Le Déserteur y monsieur Faber

En estos días inciertos en los que tanto miramos a Francia no puedo evitar acordarme de mi buen amigo Boris Vian. Ingeniero, trompetista de jazz, compositor y escritor francés de inagotable humor por el que apenas pasan los años. Lo mismo se codeaba con Miles Davis que hacía una versión musical del código de circulación o escribía una novela como La espuma de los días.

En 1954, año en que Francia termina la guerra de Indochina (1945-54) y comienza la de Argelia (1954-62), Boris Vian escribe una canción antibelicista titulada Le Déserteur (El desertor). Interpretada por Mouloudji, la canción tiene relativamente buena acogida entre el público. Sin embargo, en enero de 1955, un gris funcionario llamado Paul Faber la escucha en la radio y se siente tan ofendido que pide su retirada. Le Déserteur sería censurada en la radio por "antipatriotismo" hasta 1962, tras la guerra de Argelia y muerto Vian. En respuesta, Boris Vian envió una maravillosa carta abierta a France-Dimanche que sólo fue publicada tras su muerte temprana.

Para quien ande flojo en francés, la canción viene a decir algo así:

Señor presidente:
Le escribo una carta
que tal vez leerá
si tiene tiempo.
Acabo de recibir
mis papeles militares
para ir a la guerra
antes de la tarde del miércoles.
Señor presidente,
no quiero hacerla,
no estoy en la tierra
para matar desgraciados.
No es para enfadarle,
debo decírselo,
mi decisión está tomada,
voy a desertar.

Desde que nací,
he visto morir a mi padre,
he visto partir a mis hermanos
y llorar a mis hijos.
Mi madre ha sufrido tanto
que está en su tumba
y pasa de las bombas
y pasa de los gusanos1.
Cuando estaba prisionero,
me robaron a mi mujer,
me robaron mi alma,
y todo mi preciado pasado.

Mañana de madrugada
cerraré mi puerta
en las narices de los años muertos,
iré por los caminos.
Mendigaré mi vida
por los caminos de Francia
de Bretaña a Provenza
y gritaré a la gente:
"Negaos a obedecer,
negaos a hacerla,
no vayais a la guerra,
negaos a partir."

Si hace falta dar su sangre,
dé usted la suya,
es usted buen santo2,
señor presidente.
Si usted me persigue,
prevenga a sus gendarmes
de que no tengo armas
y podrán disparar3.


  1. "elle se moque des bombes et se moque des vers" bien podría ser también "se burla de las bombas y los gusanos". Incluso en vez de gusanos podrían ser "los versos", oponiendo bombas y literatura. Qué difícil es esto de traducir. 
  2. "vous êtes bon apôtre", literalmente "es buen apóstol", expresión irónica para quien se esfuerza en parecer bueno, pero del que no conviene fiarse. 
  3. Hay una variante menos pacifista de las dos últimas líneas en la que decía lo contrario: "Que j'emporte des armes / Et que je sais tirer"; o sea, "que llevo armas y sé disparar". Parece ser que esta era la versión inicial de Boris Vian y fue Mouloudji quien le convenció de suavizar el tono, más acorde con el resto de la canción. 

No he encontrado versión traducida de su carta abierta al señor Faber, así que me arremango la camiseta y me tiro a la piscina con este intento. Disculpen sus muchos fallos.

Estimado señor:

Ha tenido usted a bien atraer los rayos del candelero de la actualidad sobre una canción muy sencilla y sin pretensión, Le Déserteur, que usted ha oído en la radio y de la que yo soy autor. Ha creído usted necesario fingir que se trataba de un insulto a los antiguos combatientes de todas las guerras pasadas, presentes y futuras.

Ha pedido usted al prefecto de Seine que esta canción no se emita más en las ondas. Esto confirma a quien quiera oírlo la existencia de la censura en la radio y es un detalle útil de conocer.

Lamento decírselo, pero esta canción ha sido aplaudida por miles de espectadores, especialmente en el Olympia (3 semanas) y el Bobina (15 días) desde que Mouloudji la canta. A algunos, lo sé, les ha parecido ofensiva: eran muy pocos y temo que no la hayan comprendido. He aquí algunas explicaciones para ellos.

De las dos cosas, la primera: antiguo combatiente, ¿combate por la paz o por placer? Si combatiese por la paz, lo que me atrevo a esperar, no se tire sobre alguien que está de su lado y responda a la siguiente pregunta: ¿si no atacamos la guerra durante la paz, cuándo tendremos el derecho de atacarla? ¿O tal vez amara usted la guerra y combatiese por placer? Es una suposición que ni siquiera me permitiría hacer, pues, por mi parte, no soy de tipo agresivo. Así, esta canción que combate aquello contra lo que usted ha combatido, no intente, jugando con las palabras, hacerla pasar por lo que no es: no es juego limpio1.

Pues hay buenas guerras y malas guerras, aunque el acercamiento de “buena” y “guerra” tienda a chocarme, a mí y a muchos otros, de primeras, como la canción ha podido chocarle de primeras. ¿Llamaría usted una buena guerra a la que se intentó que hicieran los soldados franceses en 1940? Mal armados, mal guiados, mal informados, no teniendo a menudo por defensa más que un fusil en el que ni siquiera entraban los cartuchos que les dábamos (entre otros, esto le ocurrió a mi hermano mayor en mayo de 1940), los soldados de 1940 han dado al mundo una lección de inteligencia rechazando el combate: aquellos que eran capaces de hacerlo lucharon, y muy bien; pero el bello gesto que consiste en hacerse matar por nada no conviene hoy que se mata mecánicamente; ni siquiera tiene valor de símbolo, si podemos considerar que lo haya tenido al imponer al vencedor el respeto del vencido.

Además, morir por la patria está muy bien; aunque no conviene morir todos -¿dónde quedaría la patria?-. No es la tierra: es la gente, la patria (el general De Gaulle no me contradirá en este aspecto, creo). No son los soldados: son los civiles los que se supone que defendemos -y los soldados no tienen mayor prisa que la de volverse civiles, pues eso significa que la guerra ha terminado-.

Por lo demás, si esta canción puede parecer apuntar indirectamente a una cierta categoría de gente, no son seguro los civiles: ¿los antiguos combatientes serían militares? ¿Y podría explicarme lo que usted entiende por antiguo combatiente? ¿“Hombre que lamenta haber sido obligado a tomar las armas para defenderse” u “hombre que añora la época en que se combatía”?2 Si es “hombre que ha mostrado su valor en combate”, toma un tono agresivo. Si es “hombre que ha ganado una guerra”, un poco vanidoso.

Créame… “antiguo combatiente” es una palabra peligrosa; no deberíamos presumir de haber hecho la guerra, deberíamos lamentarlo -un antiguo combatiente está mejor situado que nadie para odiar la guerra-. Casi todos los verdaderos desertores son “antiguos combatientes” que no han tenido la fuerza para ir hasta el final del combate. Y, ¿quién les tirará la piedra? No… si mi canción puede disgustar, no es a un antiguo combatiente, estimado M Faber. No puede hacerlo más que a una cierta categoría de militares de carrera; hasta nueva orden, considero al antiguo combatiente como un civil contento de serlo. Hay militares de carrera que consideran la guerra como una plaga inevitable y se esfuerzan por acortarla. Se equivocan al ser militares, pues es declararse desmotivado por adelantado y admitir que no se puede evitar esta plaga; pero esos militares son hombres honestos. Tontos, pero honestos. Y estos tampoco han podido sentirse señalados. Sépalo, algunos me han felicitado por esta canción. Desgraciadamente, hay otros. Y a esos, si les he ofendido, estoy encantado. Ya les toca. Sí, estimado M Faber, imagínese, algunos militares de carrera consideran que la guerra no tiene otro fin que matar gente. El general Bradiey por ejemplo, cuyas memorias de guerra he traducido, lo dice con todas las letras. Entre nosotros, nueve de cada diez personas tienen ideas falsas sobre este tipo de militar de carrera. La historia tal como nos la enseñan está llena del relato de sus inútiles hazañas y de sus bárbaras demoliciones; preferiría -y somos unos cuantos en ese caso- que se enseñara en las escuelas la vida de Eupalino o el relato de la construcción de Notre-Dame en vez de la vida de César o el relato de las hazañas astutas de Gengis Khan. El bravucón siempre ha sabido forzar al civilizado a interesarse por su interesante persona; donde la atención no nace por sí misma, hace falta exigirla, y nada más fácil cuando se dispone de armas. No se arreglan estos problemas en diez líneas, pero uno de los países más civilizados del mundo, Suiza, los ha resuelto, os lo señalo, creando un ejército de civiles; para cada uno de ellos la guerra tiene un solo significado: defenderse. Esta guerra es la buena guerra. Al menos la única inevitable. La que nos viene impuesta por los hechos.

No, M Faber, no busque el insulto donde no está, y si lo encuentra, sepa que será usted el que lo ha puesto. Digo claramente lo que quiero decir: y nunca he tenido deseo de insultar a los antiguos combatientes de las dos guerras, a los resistentes, entre los que cuento muchos amigos, y a los muertos de la guerra -entre los que cuento a muchos otros-. Cuando insulto (y es algo que se da poco) lo hago con franqueza, créame. Nunca insultaría a hombres como yo, civiles, a los que han puesto un uniforme para poderlos matar como simples objetos, llenándoles la cabeza de consignas vacías y pretextos falaces. Luchar sin saber por qué se lucha es propio de un imbécil y no de un héroe. El héroe es aquel que acepta la muerte cuando sabe que será útil para los valores que defiende. El desertor de mi canción no es más que un hombre que no sabe; ¿y quién se lo explica? No sé de qué guerra es usted antiguo combatiente, pero si ha hecho la primera, reconozca que estaban más dotados para la guerra que para la paz; aquellos que, como yo, cumplieron veinte años en 1940 recibieron un extraño regalo de cumpleaños. No me pongo entre los valientes: postergado por una enfermedad cardiaca, no combatí, no fui deportado, no colaboré. Permanecí, durante cuatro años, un imbécil malnutrido entre tantos. Uno que no comprendía porque, para comprender, hace falta que te expliquen. Tengo treinta y cuatro años hoy en día, y se lo digo: si se trata de caer por azar bajo la escarcha de napalm, peón oscuro en una pelea guiada por intereses políticos, me niego y me voy al maquis. Haré mi propia guerra. El país entero se ha levantado contra la guerra de Indochina cuando ha conseguido saber de qué se trataba, y los jóvenes que se han hecho matar allí porque creían servir para algo -se lo habían dicho-, yo no les insulto, les lloro; entre ellos se encontraban, quién sabe, grandes pintores, grandes músicos y, seguro, personas honestas.

Cuando vemos una guerra terminar en un mes por la voluntad de un hombre que no escatima, en este aspecto, palabras nebulosas y gloriosas, debemos creer, si no lo habíamos comprendido, que esta al menos no era inevitable. Pregunte a los antiguos combatientes de Indochina -a Philippe de Pirey, por ejemplo (Opération Sachis, editorial Julliard)- qué es lo que piensan. No soy yo quien se lo dice -es alguien que vuelve de allí-, pero tal vez usted no lea. Si se contenta con la radio, evidentemente, no anda usted sobrado en información. Como medio de progresión cultural es excelente en teoría, la radio; pero no se usa con demasiado juicio.

Además, podría buscarle las cosquillas. ¿Quién es usted para acusarme así, M Faber? ¿Se considera usted un modelo? ¿Un patrón de referencia? Nada me gustaría más que creerlo -aunque haría falta que le conociera-. Nada me gustaría más que conocernos, pero usted me ataca así, maliciosamente, sin siquiera escucharme (yo hubiera podido explicarle esta canción, puesto que le hace falta un dibujo). Me encantaría tomar ejemplo de usted si reconociera en usted las cualidades admirables que posee, no lo dudo, pero que no son apenas manifiestas hasta ahora, puesto que solo conozco de usted un acto hostil hacia un hombre que intenta ganarse la vida haciendo canciones para otros hombres. Claro que quiero seguir a Faber. Sin embargo, los hombres de mi generación están hartos de lecciones; prefieren sus ejemplos. Hasta ahora me he contentado con gente como Einstein, por no citarle más que a él. Mire lo que escribe sobre los militares Einstein…

“ (...) Este asunto me lleva a hablar de la peor de las creaciones: la de las masas armadas, del régimen militar, que odio; desprecio profundamente a aquel que puede, con placer, marchar en filas y formaciones, tras una música: sólo por error ha recibido un cerebro; una médula espinal le valdría ampliamente. Deberíamos, lo más rápido posible, hacer desaparecer esta vergüenza de la civilización. El heroísmo por petición, las vías de hecho estúpidas, el enojoso espíritu de nacionalismo, cuánto lo odio todo esto: cuánto la guerra me parece inmunda y despreciable. Preferiría dejarme cortar en pedazos que participar en un acto tan miserable. A pesar de todo, tengo tan buena opinión de la humanidad que estoy convencido de que ese fantasma habría desaparecido hace tiempo si el sentido común de los pueblos no fuera sistemáticamente corrompido, por medio de la escuela y la prensa, por los intereses del mundo político y del mundo de los negocios.”

¿Atacaría usted a Einstein, M Faber? Es más peligroso que atacar a Vian, se lo aviso… Y no me diga que Einstein es un idiota: los militares mismos van a pedirle sus recetas, pues reconocen su superioridad (ver el tema atómico). No tienen la aprobación de Einstein, vea; son malos estudiantes; y no es Einstein el responsable de Hiroshima ni del lento envenenamiento del Pacífico. Van a pedirle sus recetas y luego se apresuran a olvidar el manual de instrucciones: las líneas precedentes muestran claramente que no eran para ellos. Usted ha olvidado el manual de instrucciones de mi canción, M Faber: pero no soy rencoroso, estoy dispuesto a cambiarle por Einstein como modelo a seguir si me demuestra que salgo ganando. No compro con los ojos cerrados.

Queda todavía un punto sobre el que no hubiera querido insistir, pues no os hace honor, pero usted ha iniciado públicamente las hostilidades; usted es el agresor.

Autor de escándalo (para aquellos que ignoran las humillaciones raciales), ingeniero renegado, exmúsico de jazz, extodo lo que quiera (véase la prensa de la época), no tengo mucho peso frente al señor Paul Faber, consejero municipal. Soy un objetivo fácil; no arriesga gran cosa. Y ya ve, sin embargo. Lejos de desertar, intento defenderme. Si es así como usted entiende la guerra, evidentemente, ¿es para usted una operación sin riesgo? ¿Pero por qué entonces toda su palabrería? Cualquiera puede presentar una queja sobre cualquiera, incluso si el segundo ha obtenido la aprobación de la mayoría. Es generalmente la minoría gruñona quien protesta, y los jueces le dan generalmente la razón, ya lo sabe: juega usted sobre seguro. Ya ve, ni siquiera estoy seguro de que France-dimanche, a quien la dirijo, publique esta carta: ¿qué me quedará para luchar contra sus calumnias? No luche así, M Faber, y créame: si sé que es cobarde, nunca eludiré a un adversario, incluso mucho más poderoso que yo; puesto que soy yo quien proclama la preeminencia del espíritu sobre la materia y de la inteligencia sobre la brutalidad, me tocará probarlo; y si fracaso, fracasaré sin gloria, como todos los tipos que duermen bajo un metro de tierra y cuya muerte no ha servido realmente para dar a los supervivientes el gusto de la paz. Pero por favor, no finja que cree que cuando yo insulto a esa ignominia que es la guerra, insulto a los desgraciados que son las víctimas: son procedimientos característicos de aquellos que los emplean que consisten en fingir no comprender; y en vez de tomarle por un hipócrita me atrevo a esperar que en realidad usted no había comprendido nada y que la presente disipará felizmente las tinieblas. Y un consejo: si la radio le aburre, gire el botón o regale su aparato; es lo que yo he hecho desde hace seis años; elija lo que le guste, pero deje a la gente cantar, y escuchar lo que les gusta. ¿Era acaso la libertad en general que usted defendía cuando luchaba o la libertad de pensar como M Faber?

Muy cordialmente,

Boris Vian


  1. En el francés original usa la expresión "de bon guerre", utilizada para señalar una acción hábil de un adversario, tal vez dura, pero legítima. A lo largo de la carta, Vian irá jugando con esta expresión hablando de buenas y malas guerras. 
  2. Aquí Vian juega con el doble sentido del verbo "regretter", que significa tanto lamentar como añorar. 

20 mayo 2011

Concentración acampadaparis: recuento

Siempre he sido muy fan del Manifestómetro, así que no podía dejar pasar una oportunidad para rendirles un pequeño homenaje. Esta tarde había una concentración convocada frente a la embajada española de París como espejo de las de nuestra madre patria. A ojo yo diría que había como doscientas personas, pero por si acaso me he ido al Google Planimeter a medir un poco. Ya, para superficies pequeñitas no es muy fiable. Algo es algo, oigan.


O sea, unos 136 m2. En ese espacio y según las personas por metro cuadrado, caben los siguientes manifestantes:

136 m2 * 1 pers/m2 = 136 manifestantes
136 m2 * 2 pers/m2 = 272 manifestantes
136 m2 * 3 pers/m2 = 408 manifestantes
136 m2 * 4 pers/m2 = 544 manifestantes

Teniendo en cuenta que aquello era una concentración y la gente estaba apretadilla pero sin agobios, yo apostaría por las 3 personas por metro cuadrado. Es decir, que allí había unas 400 personas. Hay fotos de control que subiré en otro rato.

03 agosto 2010

Champiñones

Je connais une planète où il y a un monsieur cramoisi. Il n'a jamais respiré une fleur. Il n'a jamais regardé une étoile. Il n'a jamais aimé personne. Il n'a jamais rien fait d'autre que des additions. Et toute la journée il répète comme toi : "Je suis un homme sérieux! Je suis un homme sérieux!", et ça le fait gonfler d'orgueil. Mais ce n'est pas un homme, c'est un champignon!

(A. Saint-Exupéry, Le petit prince, p.33)

Que viene a querer decir algo así:

Conozco un planeta donde hay un señor todo rojo. Nunca ha olido una flor. Nunca ha mirado una estrella. Nunca ha amado a nadie. Nunca ha hecho más que sumas. Y todo el día repite como tú: "¡Soy un hombre serio! ¡Soy un hombre serio!", y eso le hace hincharse de orgullo. Pero no es un hombre, ¡es una seta!

18 noviembre 2009

Delft

De vuelta en París tras una incursión de cinco días en Delft (Holanda) y alrededores para ver a los amigos. Ya sabéis, borracherías, mala alimentación y poco sueño. Después de esta segunda visita sigue siendo un país que no me convence. Todo plano, mucho viento y agua por todas partes y... ¿a quién se le ocurre montarse un país por debajo del nivel del mar? Por si fuera poco, tienen la mayor estatura media del mundo, con lo que, a pesar de no ser un enano, iba por allí con la sensación de ser un hobbit. Hasta los abuelos me miraban por encima del hombro.

Como recuerdo me llevo, en la memoria, el inodoro de diseño más raro que he visto en mi vida. De entrada, es tan alto que cuando uno se sienta apenas llega con los pies al suelo; las mujeres quedarán con las piernas colgando. Sin embargo, lo más curioso es que el agua (el charquito) está en un agujerillo delante, mientras los dos tercios traseros, o sea, sobre donde uno aposenta su ídem, es decir, donde se deposita la carga, están ocupados por una plataforma ¡cóncava! a medio palmo del nivel de la taza. La única razón que se me ocurre es que así se evitan incómodas salpicaduras. El problema, claro, es que cuando te levantas te encuentras allí con todo el pastel incómodamente cerca. Y que de alguna manera hay que desalojarlo hasta el pozo. ¿Confiamos en que el problema esté resuelto por el ingeniero responsable y tiramos de la cadena? Vemos cómo un potente chorro sale de la parte trasera, lo que podría empujar el asunto hasta el abismo... pero, al mismo tiempo, un chorro de idéntica potencia sale también desde la parte delantera, creando donde se encuentran, es decir, sobre la concavidad, o sea, donde hemos descomido (¿!), un remolino que únicamente consigue poner a rotar la masa. Poco a poco la fuerza trasera va ganando y el tema va avanzando hasta el borde del precipicio. Momento en que el agua deja de manar, quedando sólo en juego la inercia, la gravedad y el rozamiento. O sea, que lo más probable es que la mayor parte vuelva a la posición original. Es decir, que cuanto menor sea la consistencia del mojón (¡también! *), mayor porción del regalo conservamos. Esto es, que al final hace falta un empujoncito manual. Una delicia.

Muestra de que ya me estoy haciendo viejo: no me he molestado en traerme maría, pero sí he vuelto con un recuerdo más tangible: un cargamento de lembas que sería la envidia de Frodo.

Ahora puedo afrontar el Mordor de los exámenes con el corazón más alegre.

*Estos académicos, de otra cosa no, pero de escatología saben un rato.

30 octubre 2009

Repasando

Léobille, reconnaisant, leur prêta, pour l'occasion, sa propre chambre et le fer à repasser électrique en cloisonné chinois, qu'il tenait de sa mère, laquelle le tenait de sa grand-mère, et que, dans sa famille, on se repassait de génération en génération depuis la première Croisade.

Así termina el cuento Surprise-partie chez Léobille, del ingeniero, músico y escritor Boris Vian.

Tal vez sólo sea que me alegra entender un juego de palabras en francés. (La cosa está en que el "fer à repasser" prestado , es decir, una plancha, se pasaba de generación, se re-pasaba, o sea, se "repassait".)

29 octubre 2009

El gallo

Parece ser que por un juego de palabras entre gallus (gallo) y Gallus (galo) que los romanos iniciaron para meterse con los franceses -por aquello de que es un animal que está todo el día por el suelo picoteando entre la mierda pero que camina como si fuera el rey del mundo-, el bicho se convirtió en símbolo de Francia, especialmente a partir del Renacimiento. Supongo que ellos mismos lo verían como una descripción acertada, o tal vez algún listo interpretó la comparación a su manera. El caso es que, tras la Revolución, el ave llegó a luchar con el águila como símbolo imperial. Y me dicen que un "cocorico" (versión francesa del canto del gallo) puede ser interpretado como un grito patriótico.

M es uno de los pocos franceses que he conocido en este mes largo que llevo aquí. La verdad es que hacer una semana de integración para Erasmus en la que sólo participan los extranjeros no tiene mucho sentido. Nos integramos entre nosotros, vale, pero no sirve para conocer a los nativos. Y claro, ellos en clase ya tienen su grupo de amigos y no se muestran muy interesados por los de fuera, que al fin y al cabo ya hemos encontrado alguno con quien charlar en los descansos.

M, que es de primer año y de provincias, es decir, tan nuevo en París como nosotros, vino a sentarse a nuestra mesa uno de los primeros días. Imagino que el hecho de que esté estudiando español le animó. Creo que a ninguno nos cae bien, por su aspecto de chulo poligonero (somos unos superficiales) y por sus maneras de pulpo en la fiesta, donde siempre se las apaña para quedar entre ti y la chica con la que estabas hablando, convirtiendo la conversación en un diálogo de dos; una vez que ha conseguido aislar a una cierva, siente una necesidad imperiosa de acercarse y sus manos tardan décimas de segundo en establecer contacto físico. La operación puede repetirse cada cinco minutos con ejemplares diferentes -o repitiendo- sin que el individuo manifieste el más mínimo sonrojo. Inexplicablemente, a pesar de las continuas muestras de desafecto -algunas más explícitas que otras- el tipo insiste en venir con nosotros.

La otra noche hicimos fiesta en la cocina, lugar habitual para estos encuentros, pues es la única sala común que tenemos. M apareció con su pose de gallo portando una botella de whisky y dos vasos de chupito (chupitazo king-size, según la opinión del que escribe), retando a los presentes a beber con él al estilo francés, o sea, trago y luego bombón. El primero en aceptar fue un español: se bebió su parte impasible el ademán y cuarto de hora después se comió el chocolate por gusto, mientras M enrojecía y lloraba a lágrima viva. Por si no fuera suficiente escarmiento, el francés fue a por más. Esta vez el guante lo recogió un italiano, que también se bebió su whisky sin exteriorizar grandes tensiones. M tuvo que salir de la habitación para evitar la humillación definitiva.

Yo, mientras, como soy más malo que la quina (?), me partía de risa. Estos gallos...

25 octubre 2009

Rituales

Hay cosas que no cambian por mucho que te alejes, son iguales en todas partes. Una de esas constantes es la relación de los profesores de idiomas con la tecnología: para la mayoría, reproducir una canción o una película son actos pertenecientes al mundo de la magia, incomprensibles rituales con los que invocar al dios del audiovisual. Y es que, ¿cuántos profesores han conseguido hacer la transición del casete al CD? ¿Alguien ha conocido a alguno que sepa usar el DVD? ¿Habéis visto alguna vez ese número de humor en el que intentan conectar el portátil al proyector y sacar el sonido a través del amplificador?

Esta situación, que ya debería ser sangrante para cualquier adulto que vive en los comienzos del siglo XXI, resulta especialmente dramática para unos profesionales que necesitan del audiovisual todas las semanas y que trabajan, desde hace años, en una escuela de ingeniería.

En París he conocido ya a más de media docena de profesores de lenguas. Uno de ellos sigue reproduciendo (y rebobinando a ojo) cintas, dos han sido incapaces de sacar la imagen de sus respectivos ordenadores, incluso llamando a un tercer colega; otra, es el ejemplo máximo de la tecnología como magia. Para ponernos una escena de una película tiene que: abrir el reproductor, meter el DVD, darle al play, esperar a que comience la escena. Si algo falla en el proceso, hay que volver al punto uno, reiniciar el ritual. Si quiere volver a pasar la escena una segunda vez, hay que volver al principio. No cabe rebobinar o volver al menú principal, por no hablar de aprovechar la capacidad de los DVD's para saltar de una escena a otra (¡brujería!).

En las nuevas carreras de Filolgía (o quizás en Magisterio), debería ser obligatoria una asignatura llamada "El audiovisual y la enseñanza de idiomas", con clases teóricas y prácticas, que cubriese los siguientes puntos:

  • Del mundo analógico al digital: del casete al CD, del VHS al DVD.
  • Práctica I: reproducir distintas pistas de un CD, el DVD y el mando a distancia.
  • El fabuloso mundo del mañana: ordenadores, archivos multimedia.
  • Práctica II: cómo abrir canciones y vídeos.
  • El fabuloso mundo del mañana II: Internet, ese gran desconocido.
  • Práctica III: e-mail, blog, wiki y otras formas de contactar fuera de clase.

12 octubre 2009

Lavando voy, llorando vengo

Hasta la fecha he hecho dos coladas. Las dos me han costado lo mismo: 1€ y un calcetín. La primera vez tuvo gracia, aquello del tópico sobre los calcetines que se pierden en la lavadora y sobre todo que era un par viejo, con sus tomates y una esperanza de vida realmente limitada. Pero esta segunda la víctima ha sido uno de esos calcetines gordos y calentitos para los días de invierno, me iba a venir bien en este norte inclemente.

¿Qué hago para la próxima? ¿Meto uno de los calcetines desparejados esperando que valga como sacrificio a los dioses del tambor? ¿Hay alguna esperanza de que encuentren a su media naranja desaparecida? ¿Qué utilidad tiene un calcetín solo?

03 octubre 2009

Entrando en la rutina

Pues esta semana hemos empezado las clases. Por ahora sólo las técnicas y a partir de la semana que viene idiomas (francés e inglés), y más adelante también clases de formación humana, cultura general y derecho, que aquí son obligatorias. Así que en realidad sólo he tenido dos asignaturas: Bases de Datos y Paradigmas de Programación. No os preocupéis, que además he cogido un proyecto que parece ser que tratará sobre la simulación de una red con IP Móvil bajo Linux. Ni pajolera idea del asunto, toca ponerse a estudiar. A eso hemos venido, ¿no?

Aquí las clases se organizan en tramos de hora y media con descansos de cuarto de hora. A mí, acostumbrado el sistema madrileño/americano de 50 y 10 minutos, se me hacen eternas. Por no mencionar que por ahora hemos visto básicamente introducciones teóricas a las asignaturas: mucho rollo y poca chica. Al menos con el idioma no encuentro problemas, puedo seguir a los profesores en prácticamente todo lo que dicen. Ya tomar apuntes a la vez resulta muy complicado, porque hay que pararse a pensar las palabras en francés y se pierde el hilo. Pero aquí nos dan a todos los apuntes antes de empezar la asignatura, así que tampoco es grave.

La vida extraacadémica sigue intensa, conociendo París de día y de noche, casi más esto último a base de diversas soirées con la excusa de un cumpleaños, el comienzo del curso o simplemente que al día siguiente no hay que madrugar.

27 septiembre 2009

Riding the surf

Aunque seguimos teniendo un tiempo increíblemente bueno, lo que en España sería el veranillo de San Miguel, he empezado a tener síntomas de resfriado (me tienen rodeado), así que me he metido una dosis de Frenadol y ahora mismo estoy flotando. Sólo lo advierto, estoy escribiendo colocado, no juzguéis con severidad.

A veces hay que dejarse arrastrar y aprovechar la corriente, aunque te lleve a un sitio que no tenías planeado. Por eso ahora me limito a ser llevado de parque en parque y de calle en calle por los días soleados; y cuando oscurece de antro en antro de la mano de una cerveza y una sonrisa amiga. Intentando ajustar la realidad a la imagen mitológica de París, la que tan bien contaba Manuel Vicent, la que te hace creer que

la libertad y la vida sólo estaban en los libros y que no había nada en el mundo como ser joven en París

Dejadme que peregrine en busca de esos rastros literarios y musicales mientras construyo mi propio mapa de lugares míticos de París. Así tal vez un día podamos compartirlos.

20 septiembre 2009

Aclimatándome

La vida se ve de otro color con bombillas que encienden. Más luminosa. También ayuda mirarla a través del fondo de la tercera pinta de cerveza de un bar de Bastilla.

Son unos días ajetreados: muchas cosas que hacer, muchos sitios que descubrir, muchas personas que conocer. Ayuda a no pensar que estoy a mil kilómetros de mi familia y amigos rodeado de gente que habla un idioma extraño. Disculpad si no escribo más (creo que es la idea que más se repite en este blog, perdonad de nuevo), pero de verdad que resulta una hazaña sentarse media hora al teclado en soledad sin que los demás piensen que soy un tipo huraño. Hay que darles un poco de tiempo para que descubran que es cierto.

15 septiembre 2009

Vuelta a empezar

Este sitio siempre ha tenido más vocación de cuaderno de bitácora que de diario de a bordo, pero tal vez vaya a cambiar. El caso es que estoy en una habitación de París con encanto y cierto valor histórico, o sea, tirando a cutre y avejentada, con un unos muebles que diría directamente traídos de los años setenta si las marcas del tiempo no fueran tan visibles; la mitad de las bombillas no encienden y la toma ethernet escupe el cable, con lo que hay que estar apretándolo para tener conexión. Por no mencionar que dicho enchufe, en vez de junto a la mesa, está al otro lado del cuarto, junto a la nevera, con lo que mientras me hago con un cable largo o navego tirado en el suelo o sobre la nevera, lo que imagino que será una buena solución de refrigeración, pero no es precisamente ergonómico.

No todo son malas noticias: tengo 23 años y vivo en París. Pues habrá que salir y vivir. En realidad tampoco se aleja tanto del plan inicial. Por cerrar el círculo citando a Nacho Vegas, quizá:

Y así comienzo a novelar
la historia de lo que será
cuando las cosas vayan a peor.

O no.