17 septiembre 2010

Formas de perder el tiempo en exámenes (y 6)

Perder el tiempo no es tan fácil como parece. De hecho, podría llegar a considerarse todo un arte. Imagínense que llegan al trabajo a las nueve de la mañana y se proponen no hacer nada en toda la jornada. O que van a la biblioteca a pasar el día con el firme propósito de no estudiar un solo tema del próximo examen. Tienen por delante seguramente diez horas de hercúleo esfuerzo luchando contra la conciencia --¡estudia!, ¡trabaja!, nos grita, la negrera; cómo se nota que no es ella la que tiene que hacerlo-- y la dinámica que nos rodea (salvo que sean funcionarios, unos auténticos héroes de la procastinación).

La clave está en dividir una inabordable tarea titánica en otras más fácilmente asumibles. Sentarse delante de la mesa pensando que no vamos a hacer nada de provecho en las próximas horas puede parecer inadmisible. En cambio, mirar un momentito el correo electrónico y las portadas de los periódicos no tiene nada de malo. Pasarse el día viendo series es un suicidio, pero ver otro capitulito no es más que media hora. Sería vergonzoso tirar las horas leyendo blogs, pero consultar las actualizaciones del Reader por si hubiera algo interesante no puede ser más inocuo.

En definitiva, hay que ponerse objetivos a corto plazo. Voy a mirar el Facebook hasta en punto. A ver qué ha pasado en el mundo hasta y media. Ya para lo que queda hasta la hora de la comida, mejor no empiezo a trabajar y lo dejo para después. Tampoco inmediatamente, que haciendo la digestión no se piensa bien. Miraré el último meme de Youtube. Intervendré en este flame de ciencia contra religión. Un sólo partido al Pro sirve perfectamente para despejar un poco la cabeza. Ya para lo que queda antes de irme a casa no merece la pena, así que deja para mañana lo que podrías haber hecho hoy.

19 agosto 2010

Tradiciones

Un argumento habitual a favor del mantenimiento de rituales absurdos y formas de vida arcaicas es decir que forman parte de la tradición. Por alguna razón, parece que eso debiera suspender nuestro juicio. Si es tradicional, no puede ser malo. No sólo eso: debemos seguir haciéndolo así, esforzarnos por conservarlo. Tal vez sea por haber crecido en Madrid, una ciudad con un apego a las tradiciones similar al de Henry VIII por sus esposas, pero a mí las tradiciones me importan bastante poco. Sí, tenemos nuestras fiestas patronales, con sus vestimentas, bailes y comidas tradicionales, pero nadie en su sano juicio los defiende como un rasgo de madrileñidad, pues no son más que una excusa para hacer el tonto y divertirse. Cualquiera que viva en Madrid es acogido sin necesidad de demostrar nada y el madrileño por antonomasia es aquél que no tiene ascendientes en la villa y corte.

Al fin y al cabo, las tradiciones no son algo estático, se crean y se destruyen (o quizás, como la energía, sólo se transforman). Pretender que tenemos que seguir haciendo lo que nuestros padres y abuelos es además peligroso, contrario a toda idea de progreso, pues nos mantiene anclados al pasado, incapaces de superarnos. ¿Qué sentido tiene defender la agricultura "tradicional" cuando los avances técnicos del siglo XX nos permiten hacer la tarea mucho más liviana y productiva? ¿Quién quiere una impotente medicina "tradicional" cuando la ciencia moderna es capaz de erradicar males de los que la gente se moría ayer mismo? ¿Alguien sigue usando el correo "tradicional" como principal medio de comunicación a distancia?

Algo similar nos ocurre con la palabra "natural" (y su antítesis la química), a menudo sinónimo de bueno. Qué quieren que les diga, lo natural (y tradicional) es morirse de cualquier nimiedad, vivir en las cuevas y darnos de pedradas por la menor tontería. Conmigo que no cuenten. Yo quiero disfrutar de todas las artificiales creaciones artísticas humanas, ponerme novedosas vacunas para la polio, ir a la montaña con un sintético calzado de goretex, no quemarme cuando me pongo al sol gracias a potingues químicos, hablar con mis amigos por videoconferencia cuando estamos muy lejos a través de cancerígenas ondas y dominar los instintos naturales para intentar resolver los conflictos de forma civilizada.

Y que les den a las naturales tradiciones milenarias.

07 agosto 2010

Oblivion

(...) todos la olvidaron y luego se fueron olvidando a sí mismos, que es lo que pasa cuando uno olvida a los amigos.

(Roberto Bolaño, Los detectives salvajes, p.551)

03 agosto 2010

Champiñones

Je connais une planète où il y a un monsieur cramoisi. Il n'a jamais respiré une fleur. Il n'a jamais regardé une étoile. Il n'a jamais aimé personne. Il n'a jamais rien fait d'autre que des additions. Et toute la journée il répète comme toi : "Je suis un homme sérieux! Je suis un homme sérieux!", et ça le fait gonfler d'orgueil. Mais ce n'est pas un homme, c'est un champignon!

(A. Saint-Exupéry, Le petit prince, p.33)

Que viene a querer decir algo así:

Conozco un planeta donde hay un señor todo rojo. Nunca ha olido una flor. Nunca ha mirado una estrella. Nunca ha amado a nadie. Nunca ha hecho más que sumas. Y todo el día repite como tú: "¡Soy un hombre serio! ¡Soy un hombre serio!", y eso le hace hincharse de orgullo. Pero no es un hombre, ¡es una seta!

09 febrero 2010

Paranoicos que aciertan

Publica hoy Escolar una curiosa entrada en la que es capaz de argumentar por el blanco y el negro a la vez sin despeinarse. A mí me ha dejado francamente impresionado. Dice el buen hombre (la negrita, claro, es mía):

Mientras tanto, en el otro extremo de la galaxia, José Blanco contaba la feria de otra manera, según una conspiración universal donde sólo faltan los templarios. “Nada de lo que está ocurriendo en el mundo, incluidos los editoriales de periódicos extranjeros, es casual o inocente”, dice el vicepresidente cuarto (o primero) del Gobierno, que argumenta que los problemas del bono español responden a un ataque de “los especuladores”, que “no quieren que se regulen los mercados”. Blanco no aclara qué parte del programa de Zapatero para refundar el capitalismo (sarcasmo) es la que ha enfadado al club Bilderberg o a los reptilianos. Pero tiene razón en una cosa: hay un ataque especulativo contra nuestra deuda.

O sea, que se burla de Blanco porque dice que sufrimos un ataque especulativo... para acabar diciendo que tal ataque existe. Chapeau. Una argumentación impecable. Oscar Wilde lloraría de alegría:

Consistency is the last refuge of the unimaginative.

08 febrero 2010

Lo que Shackleton se olvidó

La Antártida, el continente más inhóspito del planeta. Temperaturas bajo cero, una capa de kilómetros de hielo bajo los pies y un sol que no calienta pero abrasa nos permite ver que hasta donde alcanza nuestra vista no hay absolutamente nada. Sólo el blanco y el azul más puros. Un grupo de intrépidos neozelandeses se enfrenta a tan extremas condiciones para rescatar a un escocés que ha quedado atrapado en una cabaña cubierta por el hielo.

El escocés lleva sepultado más de 100 años, pero cuando lo descubrieron en 2006 parecía en buen estado. Ahora por fin la meteorología permite intentar el rescate. El escocés pertenece a la estirpe Mackinley y lleva por mote Rare Old. En la etiqueta lo pone bien claro: "Mackinley's Rare Old blended Scotch whisky". Tres cajas, nada menos.

18 enero 2010

El karma

El otro día, hablando con unos amigos, alguien comentó una desgracia que le había ocurrido a un conocido común. Un segundo apostilló: "Eso es el karma". Como un tercero preguntara qué cosa era eso del karma (¿pero es que esta gente ni siquiera a visto My name is Earl?), el segundo se apresuró a contestar "que cuando haces cosas malas te pasan cosas malas". A todo el mundo le debió parecer una buena definición, porque nadie dijo nada, así que me vi obligado a intervenir para explicar que también "si haces cosas buenas, te pasan cosas buenas".

Dejando a un lado el que haya reencarnación de por medio o no -en la visión occidental no suele haberla-, me di cuenta por primera vez (lento que es uno) de que el karma es una versión del sistema de castigo/recompensa similar a la cristiana infierno/cielo. En este caso, con el infierno en la tierra. También me percaté de que la gente sólo se queda con la parte coercitiva, con el no te portes mal porque serás castigado.

Creo que es una idea representativa de la sociedad en la que vivimos, o tal vez de cómo es el hombre: parecemos necesitar una razón, a ser posible una fuerza externa que nos juzgue y castigue, para no dar por saco al prójimo. Es decir, que muchos irían haciendo mal a los demás si no temieran que tuviera alguna repercusión negativa sobre ellos mismos. Lo importante son las consecuencias de mis actos, pero, eso sí, las consecuencias sobre mí. Incluso me atrevería a aventurar que el otro lado de la moneda es posible, actuar bien únicamente esperando ser recompensado de alguna manera.

Lejos queda el hacer las cosas bien simplemente porque sea lo correcto, porque es lo que dicta tu conciencia, porque eres de ética kantiana y quieres que de tus actos se desprendan máximas universales. Buscamos unos latigazos o una zanahoria que nos lleven por el buen camino. Y si ya no creemos en el cielo ni en el infierno, por qué no traerlos a la vida diaria gracias al karma.

02 enero 2010

Seguridad aeroportuaria

Pasando el control de seguridad del aeropuerto para la vuelta a París, una vez vaciados los bolsillos y pasado el arco detector sin que pitase (y eso que se me había olvidado quitarme el cinturón), me para el responsable poniéndome la mano delante, tocando el pecho, no obstruyendo el paso, y me dice "a ver qué llevas ahí", señalando mi tobillo. Es un vaquero normal y corriente, que como me está un poco largo hace algo de bolsa cerca del zapato. Y en vez de palpar, el hombre se pone a subirme el pantalón. Puesto que me lo estoy pisando (ya he dicho que me está largo), no lo logra y tira más fuerte. Con el propio forcejeo se da cuenta de que no oculto nada y me deja pasar.

A ver qué llevas ahí. No "disculpe, caballero, me permite comprobar...", ni "perdone, voy a tener que...". A ver qué llevas ahí. Tuteando. Sin una disculpa. Acusando directamente. A ver qué llevas ahí.

Tampoco es tan grave, diréis. Seguramente. Sólo es otra constatación de que el loco mundo de la seguridad aeroportuaria está hecho básicamente para dar por saco al viajero. Una estrategia, a mi juicio, suicida. Lejos quedan los días en que el viajero de avión podía deambular tranquilamente por el aeropuerto, era agasajado a bordo y tratado con una amabilidad rayando lo incómodo. Ahora te restringen lo que puedes subir, te quitan cosas del equipaje arbitrariamente, te tratan como un delicuente en potencia y te sientan más apretado que en un autobús escolar.

En algún momento, se darán cuenta de que la mejor manera de asegurarse la seguridad a bordo es, directamente, no permitir la entrada en la nave de equipaje alguno ni pasajeros. Por si acaso alguien de Al Qaeda se infiltrase en la tripulación, ésta será reemplazada completamente por máquinas. Así los aviones podrán ir de un sitio a otro sin poner en riesgo la vida de nadie y con una puntualidad inglesa. Como transporte ya usaremos los trenes.

18 diciembre 2009

Gestión de la tensión

Entre los cursos de "formación humana" impartidos en esta escuela hay unos cuantos relacionados con la gestión de las emociones y especialmente del estrés. Yo, en principio, como todas estas cosas, los veía con un poco de guasa. ¿De verdad son materias que se aprendan (que se enseñen) y además en diez horas? ¿Se puede aprender en un curso sobre las relaciones humanas, no en plan teórico, sino con orientación práctica?

Sin embargo, tras mi experiencia en la gestión de un proyecto, empiezo a ver el asunto con cierta simpatía. No porque yo carezca de habilidades sociales. Más bien porque me he dado cuenta de que hay gente que verdaderamente pierde los papeles en las situaciones difíciles.

Yo, con mi calma habitual, no me inquieto, pongamos por caso, por la inminente fecha de entrega de un proyecto. No quiero dar a entender que no me inmuto: sí que noto cierto vértigo en el estómago, cierta tensión a la hora de hacer las cosas con la pistola del tiempo apuntando al corazón. Pero es más una sensación que me espolea, la adrenalina que me lleva a rendir más. Y desde luego, no altera mi relación con los demás. En todo caso, utilizo el humor, como de costumbre, como vía para liberar tensión.

Por contra, hay gente, de naturaleza controladora, que se frustra; y que vuelca su frustración en rabia hacia los demás que puede llegar a manifestarse en cotas de violencia verbal bastante elevadas. También es una forma de liberar tensión, aunque ligeramente más contaminante. O eso pensaba. Lo que he experimentado es que estas dos posturas se retroalimentan positivamente. Es decir, al tenso, que cuando él está crispado haya alguien haciendo bromas le parece una falta de compromiso o de comprensión de la situación y se cabrea más; el otro, viendo un aumento de la tensión en el ambiente, cree adecuado rebajarlo con alguna chanza. Etcétera. Ad infinitum.

¿Cómo se sale de tan vicioso círculo? No sé, tal vez deberíamos apuntarnos a un cursillo de esos.

12 diciembre 2009

Malditos 80

El otro día, zapeando por la tele francesa fui a parar a una suerte de programa de testimonios en el que se preguntaban por qué seguimos escuchando a los músicos de los ochenta. Ejemplificaban la tragedia un par de señores cantando canciones dignas de un Dúo Dinámico francés ante un público asistente con cara de circunstancias.

Sin embargo, la pregunta verdaderamente inquietante es ¿por qué siguen vivos los músicos de los ochenta?

10 diciembre 2009

Difama, que algo queda

Durante esta tarde podíamos ver la siguiente portada de El País, dedicada a la "polémica" sobre la "ley antidescargas":

Qué raro, ¿no? Asegura que "la mayoría de las sentencias judiciales consideran delictivas las 'webs' de enlaces". Yo creía que era exactamente al revés. Que de hecho no había sentencias condenatorias. Así que extrañado decido seguir el enlace. Y llegamos al artículo en cuestión, que, efectivamente, dice lo contrario:


Sigue una larga lista de casos relacionados que, aun analizados un poco de aquella manera, se ven obligados a admitir que no han llevado a ninguna condena. Pero claro, por si acaso, ponemos en portada que las webs de enlaces son ilegales, para que se le grabe bien a quien pase por allí. Y si cuela, cuela.

18 noviembre 2009

Delft

De vuelta en París tras una incursión de cinco días en Delft (Holanda) y alrededores para ver a los amigos. Ya sabéis, borracherías, mala alimentación y poco sueño. Después de esta segunda visita sigue siendo un país que no me convence. Todo plano, mucho viento y agua por todas partes y... ¿a quién se le ocurre montarse un país por debajo del nivel del mar? Por si fuera poco, tienen la mayor estatura media del mundo, con lo que, a pesar de no ser un enano, iba por allí con la sensación de ser un hobbit. Hasta los abuelos me miraban por encima del hombro.

Como recuerdo me llevo, en la memoria, el inodoro de diseño más raro que he visto en mi vida. De entrada, es tan alto que cuando uno se sienta apenas llega con los pies al suelo; las mujeres quedarán con las piernas colgando. Sin embargo, lo más curioso es que el agua (el charquito) está en un agujerillo delante, mientras los dos tercios traseros, o sea, sobre donde uno aposenta su ídem, es decir, donde se deposita la carga, están ocupados por una plataforma ¡cóncava! a medio palmo del nivel de la taza. La única razón que se me ocurre es que así se evitan incómodas salpicaduras. El problema, claro, es que cuando te levantas te encuentras allí con todo el pastel incómodamente cerca. Y que de alguna manera hay que desalojarlo hasta el pozo. ¿Confiamos en que el problema esté resuelto por el ingeniero responsable y tiramos de la cadena? Vemos cómo un potente chorro sale de la parte trasera, lo que podría empujar el asunto hasta el abismo... pero, al mismo tiempo, un chorro de idéntica potencia sale también desde la parte delantera, creando donde se encuentran, es decir, sobre la concavidad, o sea, donde hemos descomido (¿!), un remolino que únicamente consigue poner a rotar la masa. Poco a poco la fuerza trasera va ganando y el tema va avanzando hasta el borde del precipicio. Momento en que el agua deja de manar, quedando sólo en juego la inercia, la gravedad y el rozamiento. O sea, que lo más probable es que la mayor parte vuelva a la posición original. Es decir, que cuanto menor sea la consistencia del mojón (¡también! *), mayor porción del regalo conservamos. Esto es, que al final hace falta un empujoncito manual. Una delicia.

Muestra de que ya me estoy haciendo viejo: no me he molestado en traerme maría, pero sí he vuelto con un recuerdo más tangible: un cargamento de lembas que sería la envidia de Frodo.

Ahora puedo afrontar el Mordor de los exámenes con el corazón más alegre.

*Estos académicos, de otra cosa no, pero de escatología saben un rato.

05 noviembre 2009

Por lo que me inclino ciertos días

En ente vlog, políticamente hablando, nos adscribimos a una izquierda de “tercera vía” que, además de vomitar sobre todos los apóstoles del liberalismo económico, también lo hace sobre los progres bienpensantes. Así, creemos que lo de la diversidad cultural es un engaño (el 90% de las “culturas” del mundo podrían desaparecer ya mismo y el planeta sería un lugar mejor), que la pobreza es una lacra que hay que erradicar siendo paternalistas con los pobres – gente con tendencia desaforada a la superstición, el meapilismo y el machismo - y, por supuesto, que TODAS las religiones – y demás muestras de pensamiento mágico – son, sin excepción, una puta mierda que eliminar a sangre y fuego. Por supuesto, apoyamos que se reconvierta la catedral de Santiago a una FNAC y que se use el sepulcro del apóstol como stand de exhibición para las novedades de PS3.

Poco queda que añadir. Las "culturas" (y sobre todo las tradiciones) carecen de valor alguno, la religión hay que combatirla abiertamente, el mundo hay que mejorarlo con una mano férrea que sepa lo que hay que hacer. Concretamente la mía.

30 octubre 2009

Repasando

Léobille, reconnaisant, leur prêta, pour l'occasion, sa propre chambre et le fer à repasser électrique en cloisonné chinois, qu'il tenait de sa mère, laquelle le tenait de sa grand-mère, et que, dans sa famille, on se repassait de génération en génération depuis la première Croisade.

Así termina el cuento Surprise-partie chez Léobille, del ingeniero, músico y escritor Boris Vian.

Tal vez sólo sea que me alegra entender un juego de palabras en francés. (La cosa está en que el "fer à repasser" prestado , es decir, una plancha, se pasaba de generación, se re-pasaba, o sea, se "repassait".)

29 octubre 2009

El gallo

Parece ser que por un juego de palabras entre gallus (gallo) y Gallus (galo) que los romanos iniciaron para meterse con los franceses -por aquello de que es un animal que está todo el día por el suelo picoteando entre la mierda pero que camina como si fuera el rey del mundo-, el bicho se convirtió en símbolo de Francia, especialmente a partir del Renacimiento. Supongo que ellos mismos lo verían como una descripción acertada, o tal vez algún listo interpretó la comparación a su manera. El caso es que, tras la Revolución, el ave llegó a luchar con el águila como símbolo imperial. Y me dicen que un "cocorico" (versión francesa del canto del gallo) puede ser interpretado como un grito patriótico.

M es uno de los pocos franceses que he conocido en este mes largo que llevo aquí. La verdad es que hacer una semana de integración para Erasmus en la que sólo participan los extranjeros no tiene mucho sentido. Nos integramos entre nosotros, vale, pero no sirve para conocer a los nativos. Y claro, ellos en clase ya tienen su grupo de amigos y no se muestran muy interesados por los de fuera, que al fin y al cabo ya hemos encontrado alguno con quien charlar en los descansos.

M, que es de primer año y de provincias, es decir, tan nuevo en París como nosotros, vino a sentarse a nuestra mesa uno de los primeros días. Imagino que el hecho de que esté estudiando español le animó. Creo que a ninguno nos cae bien, por su aspecto de chulo poligonero (somos unos superficiales) y por sus maneras de pulpo en la fiesta, donde siempre se las apaña para quedar entre ti y la chica con la que estabas hablando, convirtiendo la conversación en un diálogo de dos; una vez que ha conseguido aislar a una cierva, siente una necesidad imperiosa de acercarse y sus manos tardan décimas de segundo en establecer contacto físico. La operación puede repetirse cada cinco minutos con ejemplares diferentes -o repitiendo- sin que el individuo manifieste el más mínimo sonrojo. Inexplicablemente, a pesar de las continuas muestras de desafecto -algunas más explícitas que otras- el tipo insiste en venir con nosotros.

La otra noche hicimos fiesta en la cocina, lugar habitual para estos encuentros, pues es la única sala común que tenemos. M apareció con su pose de gallo portando una botella de whisky y dos vasos de chupito (chupitazo king-size, según la opinión del que escribe), retando a los presentes a beber con él al estilo francés, o sea, trago y luego bombón. El primero en aceptar fue un español: se bebió su parte impasible el ademán y cuarto de hora después se comió el chocolate por gusto, mientras M enrojecía y lloraba a lágrima viva. Por si no fuera suficiente escarmiento, el francés fue a por más. Esta vez el guante lo recogió un italiano, que también se bebió su whisky sin exteriorizar grandes tensiones. M tuvo que salir de la habitación para evitar la humillación definitiva.

Yo, mientras, como soy más malo que la quina (?), me partía de risa. Estos gallos...

25 octubre 2009

Rituales

Hay cosas que no cambian por mucho que te alejes, son iguales en todas partes. Una de esas constantes es la relación de los profesores de idiomas con la tecnología: para la mayoría, reproducir una canción o una película son actos pertenecientes al mundo de la magia, incomprensibles rituales con los que invocar al dios del audiovisual. Y es que, ¿cuántos profesores han conseguido hacer la transición del casete al CD? ¿Alguien ha conocido a alguno que sepa usar el DVD? ¿Habéis visto alguna vez ese número de humor en el que intentan conectar el portátil al proyector y sacar el sonido a través del amplificador?

Esta situación, que ya debería ser sangrante para cualquier adulto que vive en los comienzos del siglo XXI, resulta especialmente dramática para unos profesionales que necesitan del audiovisual todas las semanas y que trabajan, desde hace años, en una escuela de ingeniería.

En París he conocido ya a más de media docena de profesores de lenguas. Uno de ellos sigue reproduciendo (y rebobinando a ojo) cintas, dos han sido incapaces de sacar la imagen de sus respectivos ordenadores, incluso llamando a un tercer colega; otra, es el ejemplo máximo de la tecnología como magia. Para ponernos una escena de una película tiene que: abrir el reproductor, meter el DVD, darle al play, esperar a que comience la escena. Si algo falla en el proceso, hay que volver al punto uno, reiniciar el ritual. Si quiere volver a pasar la escena una segunda vez, hay que volver al principio. No cabe rebobinar o volver al menú principal, por no hablar de aprovechar la capacidad de los DVD's para saltar de una escena a otra (¡brujería!).

En las nuevas carreras de Filolgía (o quizás en Magisterio), debería ser obligatoria una asignatura llamada "El audiovisual y la enseñanza de idiomas", con clases teóricas y prácticas, que cubriese los siguientes puntos:

  • Del mundo analógico al digital: del casete al CD, del VHS al DVD.
  • Práctica I: reproducir distintas pistas de un CD, el DVD y el mando a distancia.
  • El fabuloso mundo del mañana: ordenadores, archivos multimedia.
  • Práctica II: cómo abrir canciones y vídeos.
  • El fabuloso mundo del mañana II: Internet, ese gran desconocido.
  • Práctica III: e-mail, blog, wiki y otras formas de contactar fuera de clase.

12 octubre 2009

Lavando voy, llorando vengo

Hasta la fecha he hecho dos coladas. Las dos me han costado lo mismo: 1€ y un calcetín. La primera vez tuvo gracia, aquello del tópico sobre los calcetines que se pierden en la lavadora y sobre todo que era un par viejo, con sus tomates y una esperanza de vida realmente limitada. Pero esta segunda la víctima ha sido uno de esos calcetines gordos y calentitos para los días de invierno, me iba a venir bien en este norte inclemente.

¿Qué hago para la próxima? ¿Meto uno de los calcetines desparejados esperando que valga como sacrificio a los dioses del tambor? ¿Hay alguna esperanza de que encuentren a su media naranja desaparecida? ¿Qué utilidad tiene un calcetín solo?

03 octubre 2009

Entrando en la rutina

Pues esta semana hemos empezado las clases. Por ahora sólo las técnicas y a partir de la semana que viene idiomas (francés e inglés), y más adelante también clases de formación humana, cultura general y derecho, que aquí son obligatorias. Así que en realidad sólo he tenido dos asignaturas: Bases de Datos y Paradigmas de Programación. No os preocupéis, que además he cogido un proyecto que parece ser que tratará sobre la simulación de una red con IP Móvil bajo Linux. Ni pajolera idea del asunto, toca ponerse a estudiar. A eso hemos venido, ¿no?

Aquí las clases se organizan en tramos de hora y media con descansos de cuarto de hora. A mí, acostumbrado el sistema madrileño/americano de 50 y 10 minutos, se me hacen eternas. Por no mencionar que por ahora hemos visto básicamente introducciones teóricas a las asignaturas: mucho rollo y poca chica. Al menos con el idioma no encuentro problemas, puedo seguir a los profesores en prácticamente todo lo que dicen. Ya tomar apuntes a la vez resulta muy complicado, porque hay que pararse a pensar las palabras en francés y se pierde el hilo. Pero aquí nos dan a todos los apuntes antes de empezar la asignatura, así que tampoco es grave.

La vida extraacadémica sigue intensa, conociendo París de día y de noche, casi más esto último a base de diversas soirées con la excusa de un cumpleaños, el comienzo del curso o simplemente que al día siguiente no hay que madrugar.

27 septiembre 2009

Riding the surf

Aunque seguimos teniendo un tiempo increíblemente bueno, lo que en España sería el veranillo de San Miguel, he empezado a tener síntomas de resfriado (me tienen rodeado), así que me he metido una dosis de Frenadol y ahora mismo estoy flotando. Sólo lo advierto, estoy escribiendo colocado, no juzguéis con severidad.

A veces hay que dejarse arrastrar y aprovechar la corriente, aunque te lleve a un sitio que no tenías planeado. Por eso ahora me limito a ser llevado de parque en parque y de calle en calle por los días soleados; y cuando oscurece de antro en antro de la mano de una cerveza y una sonrisa amiga. Intentando ajustar la realidad a la imagen mitológica de París, la que tan bien contaba Manuel Vicent, la que te hace creer que

la libertad y la vida sólo estaban en los libros y que no había nada en el mundo como ser joven en París

Dejadme que peregrine en busca de esos rastros literarios y musicales mientras construyo mi propio mapa de lugares míticos de París. Así tal vez un día podamos compartirlos.

20 septiembre 2009

Aclimatándome

La vida se ve de otro color con bombillas que encienden. Más luminosa. También ayuda mirarla a través del fondo de la tercera pinta de cerveza de un bar de Bastilla.

Son unos días ajetreados: muchas cosas que hacer, muchos sitios que descubrir, muchas personas que conocer. Ayuda a no pensar que estoy a mil kilómetros de mi familia y amigos rodeado de gente que habla un idioma extraño. Disculpad si no escribo más (creo que es la idea que más se repite en este blog, perdonad de nuevo), pero de verdad que resulta una hazaña sentarse media hora al teclado en soledad sin que los demás piensen que soy un tipo huraño. Hay que darles un poco de tiempo para que descubran que es cierto.